"La isla" y la verdad del dolor

7 de enero de 2009
GIANI STUPARICH: La isla. Minúscula, 2008


En una entrada anterior de este teatrillo de las letras se subrayaban las palabras de Pierre Bayard, autor de "Cómo hablar de los libros que no se han leído" (Anagrama, 2008): "hay que aprender a encontrar libros importantes para uno". Sin embargo, en ocasiones es el libro el que le encuentra a uno...

Un hombre enfermo viaja en compañía de su hijo a la isla en la que nació. Para el hombre este último viaje supone un reencuentro con sus raíces. Para el hijo, la conciencia precisa de lo inevitable de la pérdida. En estas pocas palabras se podría resumir lo que encierra 'La isla' de Giani Stuparich (Minúscula, 2008). Se podría, sí, pero no les habría dado la medida exacta de lo diferente que eran aquellos mismos hombres cuando vieron desvanecerse la isla en medio del Adriático al final del relato. Un relato que nos habla "de vida y muerte, no conjurada, sino mirada sin piedad, cara a cara" (Claudio Magris).

Giani Stuparich (Trieste 1891-Roma 1961) pertenece junto a Slataper, Svevo o Saba a ese momento estelar que brilla con luz propia en el faro triestino a principios del siglo XX. Tal vez, el hecho de haber nacido en una ciudad cuya entidad es tan inasible, sea lo que determine el aire de irrealidad en el que parece suspendida la isla de Stuparich. Esa profunda sensación de irrealidad que prevalece cuando la vida nos envía uno de sus heraldos negros.

Carlo y Giani Stuparich, idealistas bajo las balas

Lo cotidiano aparece en esta pequeña joya bajo una nueva luz, mostrando una belleza que nos suele pasar desapercibida. Pero más allá de una sensual descripción de las calas y gentes de la isla (muy por encima de la literatura de chiringuito y merendero de un Manuel Vicent, por ejemplo) lo que prevalece es el retrato de una unión más allá del duelo. Una relación entre padre e hijo cimentada más sobre miradas y gestos, sobre lo que no llega a decirse con palabras, que en los escasos diálogos.

Un ejercicio de contención que no logra que olvidemos la gran verdad del dolor que, como una música sorda, atraviesa la historia de un padre que sabe que pronto morirá y la de un hijo que habrá de sobrevivirle. Y es que mientras ambos comparten la alegría del mar común, de una breve brisa estelar, la vida se empeña en disociarse: "Una fría palidez de muerte estaba detrás de la transparencia de una sangre cálida y exultante; en el transcurso de un día lleno de sol, disfrutado en la libertad de la luz y del viento, había un estancamiento, una cerrazón canicular, donde el cerebro se disolvía y el alma fermentaba de miedos. Un sentimiento de incertidumbre y de miserable compromiso con la fatalidad lo invadía todo". Un ejercicio de contención que no logra que olvidemos la gran verdad del dolor que, como una música sorda, atraviesa la historia de un padre que sabe que pronto morirá y la de un hijo que habrá de sobrevivirle.

En ocasiones, no muchas, y de éstas hace ya mucho tiempo, me interrogaba acerca del sentido del acto de leer. Dejé de hacerme la pregunta cuando entreví que lo que andaba buscando no podría encontrarlo en los libros ("un libro no puede ocupar el lugar del mundo"), pero que éstos podrían serme de utilidad para llegar hasta allí. 'La isla' de Stuparich figura en esa cartografía.

Literatura esencial, desnuda, luminosa. Un libro que nos obliga a afrontar la pérdida con dignidad, con un orgullo superior a las vicisitudes a las que de continuo nos arroja la vida.

Publicado en soitu.es (07-01-2009)

Por cierto, los amigos de soitu.es han ampliado su familia con el fotógrafo Gervasio Sánchez y su blog "Los desastres de la guerra". Échenle un ojo...


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Marchando otra de premios literarios: el Llibreter de este año

31 de octubre de 2008

Hoy volvemos a hablar de premios literarios: después del aburrimiento anual del Planeta, que ya ni siquiera es polémico, y la resaca del Nobel (por cierto, la editorial Cátedra ha sido la primera en desempolvar y reeditar a Le Clézio; ya se puede volver a encontrar en las librerías españolas su primera novela, 'El atestado', ganadora del premio Renaudot en 1963) este jueves, 30 de octubre, se conocerá el fallo del jurado que otorgará el (cada vez más prestigioso) Premio Llibreter 2008.

Este galardón es una iniciativa del Gremio de Libreros de Barcelona y Cataluña, que se otorga cada año con el fin de subrayar la calidad y significación de determinados títulos, tanto en catalán como en castellano, favoreciendo así su promoción, ya que en muchos casos los finalistas han pasado injustamente desapercibidos al público.

Mientras pensamos qué tipo de premio literario nos gustaría poder dar como Tipos Infames desde soitu.es, nos dedicamos a destacar la calidad de alguno de los que año a año se han ido consagrando. Basta ojear la lista de ganadores del Llibreter para interesarse por el que será el triunfador de este año, con la consiguiente 'segunda oportunidad' en escaparates y mesas de novedades. Algunos de los libros ganadores han sido 'El último encuentro' de Sandor Márai (Salamandra), 'La edad de hierro' de J.M. Coetzee (Mondadori), 'El quinto en discordia' de Robertson Davies (Libros del Asteroide) o el más reciente 'Hace mil años que estoy aquí' de Mariolina Venezia (Gadir). Pero también la lista de finalistas, a lo largo de las ocho ediciones del premio, es amplia y de sobrada calidad: ahora mismo recuerdo 'El tercer policía' de Flann O’Brien (Nórdica), 'A la caza del amor' de Nancy Mitford (Libros del Asteroide) y 'Claus y Lucas' de Agota Kristof (El Aleph). Si no sabes qué leer o dudas por algún libro que tengas que regalar, cualquiera de ellos es absolutamente recomendable y de fiar.

Por supuesto, como todo premio, el Llibreter también ha sido generador de polémica. En este caso por algunas discrepancias (inevitables, supongo) entre los libreros, que han sido quienes han convertido este galardón en una interesante referencia cultural, los miembros del jurado, cuya imparcialidad ha sido puesta en ocasiones en entredicho, y el lamento de algunos porque el premio nunca se haya concedido a una obra escrita en catalán. En fin, cosas de premios.

La diversidad de los finalistas de este año es notable tanto en los géneros narrativos a los que adscribir las novelas como en sus autores: dos autoras noveles, dos 'clásicos' ya desaparecidos y un novelista consolidado. Esta es una pequeña incitación a la lectura de dichas novelas.

Giani Stuparich, 'La isla' (Minúscula)

Un padre le pide a su hijo, seguramente como última voluntad antes de morir, que le acompañe durante unos días para viajar hasta Istria, la isla del Adriático donde nació. El reencuentro se produce con el ineludible pensamiento en la muerte: padre e hijo se mirarán de nuevo entre sí, pero todos los gestos y palabras tienen un significado distinto desde que conocen la enfermedad. Un libro entrañable y hermoso.
Si no leísteis La isla en pleno verano, sentados bajo en sol, aprovechad una tarde (el libro es de apenas 100 páginas) metidos en casa para disfrutar del contraste entre la lluvia y el frío de la calle con la luminosidad de los paisajes del libro.


Minh Tran Huy, 'La princesa y el pescador' (Belacqua)

Dos destinos se cruzan, ¿casualidad o destino?: ella es francesa, hija de emigrantes vietnamitas en Francia (al igual que la autora), dedicada en soledad a las películas y a las lecturas desordenadas, aunque con particular obsesión por las novelas de Haruki Murakami. Él, en cambio, logró escapar de Vietnam, dejando allí a su familia, cuya salida es cada vez más improbable según fracasan todos los trámites. Ambas son historias del silencio, ya porque la opción de recordar el pasado es la contraria a la elección de vivir, o porque se trata de huir de un presente sin sentido refugiándose con plena confianza en el orden establecido en las ficciones.

Lan, protagonista de la novela, tiene la virtud de contar su vida e inventar la de Nam, que guarda silencio sobre él y su familia, entretejiéndolas con todo tipo de leyendas vietnamitas sobre el destino de aquellos cuyas vidas se han cruzado en alguna ocasión.

Natsume Soseki, 'Botchan' (Impedimenta / Proa)

Soseki es un autor clásico de la literatura japonesa, y Botchan, por lo que tiene de iniciación al mundo adulto, ha sido comparado en ocasiones con 'El guardián entre el centeno' o 'Huckleberry Finn'. Considerado un palurdo por algunos, entre ellos sus padres, y sobrevalorado tan sólo por la anciana que le cuidara en exceso desde pequeño, Botchan conseguirá su primer empleo como profesor de matemáticas en una aldea muy alejada de Tokio.

Desde el primer momento, en que confiesa su innata impulsividad y los problemas a los que ésta le ha conducido, veremos el mundo tal y como Botchan lo ve, con sus arrebatos irracionales, su alto sentido del deber y la justicia, y su incomprensión ante todo lo que le rodea. Su extrañamiento ante el comportamiento y la falta de ética de los demás, hacen de Botchan un personaje tan divertido como tierno.
"Este mundo está lleno de gente extraña": nosotros en muchas ocasiones pensamos como él.

Andrea Maria Schenkel, 'Tannöd, el lugar del crimen' (Destino / Proa)

Un buen ejemplo de las virtudes del Premio Llibreter es el caso de esta novela. Ahora que todo el mundo anda leyendo y hablando maravillas de una novela negra como 'Los hombres que no amaban a las mujeres', la entretenida primera parte de la trilogía de Stieg Larsson (también publicado en Destino), es una pena que esta otra novela haya sido pasada por alto.

No se trata de una novela negra de detectives y comisarios de policía al uso, sino un claro descendiente de la conocida novela de Truman Capote 'A sangre fría'. El argumento de la novela de Schenkel también está basado en hechos reales: el asesinato de la familia Danner en el pueblo de Tannöd, donde los posibles acontecimientos y secretos de la familia van surgiendo al ritmo de las entrevistas a los vecinos del pueblo.
Me confesaré: no esperaba que me gustara tanto.

Jordi Coca, 'La noia de ball' (Proa)

De entre las finalistas, aún no hemos podido leer la última novela de Jordi Coca, a quien conocimos leyendo 'Días maravillosos', por la única razón de que no leemos en catalán (ni lo hablamos en círculos reducidos). La noia del ball cuenta la experiencia de una mujer que llega desde Mallorca a Cataluña en la época del primer franquismo; la situación social y familiar (el anarquismo de los ateneos populares y la violencia de su marido) le dejarán como único reducto de escapatoria (imaginaria) su tierra natal que tanto añora y el deseo de bailar. De momento, esperamos su traducción.

Este jueves conoceremos el ganador, esperando del Llibreter 'justicia poética' sin más.

Posdata: por cierto, si a alguien (un cráneo privilegiado, sin duda) se le ocurre algo sobre un posible Premio Infame que haga el favor de tenernos al tanto. Aceptaremos todas las sugerencias. Gracias.

Publicado en soitu.es (28-10-2008)


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