El amante de Lady Chatterley

27 de marzo de 2010

(lecturas húmedas bajo el edredón)

La nuestra es una época esencialmente trágica; por eso nos negamos a tomarla tragicamente. El cataclismo ha ocurrido. Nos encontramos entre ruinas, y empezamos a construir de nuevo, a tener de nuevo pequeños hábitos, pequeñas esperanzas. Es una tarea ardua: ahora ya no hay un camino fácil hacia el futuro; tenemos que sortear o saltar por encima de los obstáculos. Tenemos que vivir, por muchos cielos que se hayan derrumbado.

Ésta era, más o menos, la actitud de Constance Chatterley. La guerra había derrumbado el techo sobre su cabeza. Y se había dado cuenta de que había que vivir y aprender.

[...]

[inicio de 'El amante de lady Chatterley' de D. H. Lawrence; traducción de Francisco Torres Oliver.]

¡...cielos! ¿habías visto alguna vez escritas estas palabras?

La vida burguesa y bajas pasiones de Constance (Connie) Chatterley siguen siendo tan atrayentes como imagino que lo fueron hace años. No hay más que ver a las mujeres que no pueden esperar a llegar a sus casas para empezar a leer la novela de Lawrence y descubrir qué hay en ella para haberla vuelto tan polémica, o al recorrido clandestino que un ejemplar de 'El amante de Lady Chatterley' hace de bolso en bolso entre las secretarias de la agencia Sterling Cooper: las mujeres de Mad Men se convierten en apasionadas lectoras del novelista inglés.

Una novela fascinante, descargada sólo en parte de la obscenidad que pareció perseguirla desde su publicación. Acusaciones mojigatas que despertaron la pasión (lectora) de muchos, y que impidieron que hubiera ediciones completas en estados unidos y gran bretaña hasta (casi) dos décadas después de que su autor redactara la versión definitiva de la novela.

La búsqueda por llenar un vacío vital que su marido, inválido de guerra (de cintura para abajo, por dar alguna pista más), no podía saciar, pondrá a Constance en contacto con las energías más físicas de la vida, en su particular conocimiento del deseo y las formas de satisfacerlo. Descargando a lo largo de toda la novela una energía sexual que todavía nos pone...perdón, (corrijo) que todavía nos hace disfrutar de los buenos libros. Un libro de orgasmo!


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Tom Rath, Frank Wheeler y Dan Dreper

10 de mayo de 2009
Ser igual que tu vecino y tener que sonreír

Tom Rath, el primero de la lista de nombres propios del encabezamiento, es el protagonista de la novela 'El hombre del traje gris', de Sloam Wilson, publicada en 1955 y ahora "rescatada" por Libros del Asteroide. Un norteamericano de los años cincuenta, veterano de la 2ª Guerra Mundial, convertido en un hombre de clase media-alta con una vida similar a la de sus vecinos, cuyas bonitas casas unifamiliares en las afueras y el corte de sus trajes son completamente iguales a los suyos. Tom parece disfrutar de una vida feliz, casado con una mujer que le quiere y que siempre tiene preparada una copa a su llegada, tres hijos y un sueldo más que razonable. Podría suponerse que alguien en su situación no querría pedirle más a la vida: una vida de medio-confort y felicidad-estandard es mucho más de lo que algunos tienen, pero a Tom Rath no le gusta su trabajo, se siente abducido por el empleo en una gran corporación, obligado a cargar con ello como un mal menor, casi necesario y absolutamente moderno: cómo encontrar el verdadero sentido a su trabajo y a su vida en la ajetreada sociedad moderna, existen otras posibilidades distintas a la que él (y sus vecinos) ha tomado?

Mientras esperamos poder leer dentro de (muy) poco esta novela (sale a la venta mañana día 11) nos dedicamos a imaginar algunos de sus posibles vecinos del barrio residencial, otros "hombres de traje gris", que a pesar de compartir un mismo problema existencial no se confiarían entre ellos sus angustias con la misma facilidad y familiaridad de vecinos con la que comparten sus muebles-bar.

Dan Dreper, que bien pudiera vivir dos o tres casas más allá de la de la familia Rath, trabaja en la agencia neoyorquina de publicidad Sterling Cooper, y es el personaje protagonista en 'Mad Men', la exitosa serie norteamericana que en la actualidad retoma las sombras de aquellos "hombres de traje gris" cuyas vidas transcurrían por inercia entre la oficina y el hogar familiar en los prósperos suburbios de los años cincuenta. Rodrigo Fresán, en el suplemento Radar Libros de Página12, aprovecha la figura de Dan Dreper (encarnado por el actor Jon Hamm) para recordar a algunos escritores (muy del gusto del argentino) que han creado personajes similares -sus vecinos existenciales-, novelistas que han sabido retratar ese infierno que algunos creyeron equivocadamente que podría ser el paraíso.

"Así, Draper vuelve todas las noches a casa en tren con un whisky o dos de más y el cartel de la estación en la que se baja anuncia que estamos en Ossining: el mismo suburbio residencial en el que, por entonces, vivía un escritor llamado John Cheever." -dice Fresán-.

Las grietas del Sueño Norteamericano y sus grises exploradores fichan a su hora y saludan a sus vecinos con desgana (es decir, cumplen con la tarea asignada) en las narraciones de John Cheever, John Updike, John O'Hara -autor de 'Cita en Samarra' (Lumen, 2009)- y Richard Yates, creador de otro vecino de la urbanización que bebe lo mismo y besa igual a su esposa, la hermosa April: Frank Wheller vive con su mujer y sus dos hijos en su bonita casa de Revolucionary Road, y de su trabajo no obtiene más que el sueldo para poder mantener su nivel de vida, pero...y qué? Eso no es lo que había soñado, es un hombre gris que a pesar de todo parece obligado a sonreír.

P.D. por cierto, si queréis saber que pinta Miles Davis entre los habitantes de este imaginario vecindario y sus escritores, os recomendamos que leáis completo el artículo de Fresán.

P.D. un último olvido!: otro hombre con traje gris.


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