En tiempos de crisis, ahorre: ¡suicídese en grupo!

28 de septiembre de 2008

Hace poco tratábamos desde este espacio el tema de los suicidas, o casi mejor el de suicidio como un acto individual y personal. Sin embargo existe la posibilidad de un suicidio grupal, no como agrupación religiosa o sectaria sino como acto de redención común.

Es cierto que cualquier exaltación de la vida está íntimamente ligada a la muerte y que las dos conviven en una trágica paradoja pues la una excluye a la otra. Esto es lo que de una manera incisiva y sarcástica trata el autor finlandés Arto Paasilinna en su libro 'Delicioso suicidio en grupo'.

Escritor de extraordinario éxito en su tierra natal ha sido bastante maltratado por la ediciones hispánicas, salvo en el caso de «El molinero aullador» y El bosque de los zorros», las dos obras más conocidas de Paasilinna en España. Mordaz en la prosa y en el tratamiento de los personajes, sus tramas suelen estar cargadas de humor negro. Un uso ácido de este componente, bien mezclado con unas dosis de gravedad y mesura de las situaciones, hace que cualquier pasaje de sus novelas adquiera un efecto de normalidad que convierte en ridículo nuestra propia existencia.

Arto Paasilinna esperando el cálido verano

En esta obra publicada en 1990 en Finlandia que rescata Anagrama para el público español, el literato trata uno de los principales problemas de los fineses: el suicidio. Acción autodestructiva que ha convertido a la población finlandesa en una con el mayor número de suicidios masculinos de la Unión Europea (43,4 hombres de cada 100.000 se suicidan), muchos de ellos ocasionados durante la tradicional noche de San Juan y no como la mayoría habrán pensado por haber leído el último libro de Curri Valenzuela (es cierto, se trata de una novela).

Es en esta fiesta donde arranca «Delicioso suicidio en grupo», cuando el encuentro entre el viudo coronel Kemmpainnen y Onni Rellonen, un arruinado empresario, ambos con intenciones suicidas hace brotar la idea de formar un colectivo con ese mismo fin.Peripecia de raíz aparentemente absurda que irá conformando un relato verosímil sobre la existencia humana y las penalidades cotidianas que la rodean.

"Viaje con nosotros a mil y un lugar..."

Al dúo inicial de «perturbados» suicidas se les irán sumando componentes hasta sobrepasar la treintena. Cada uno de ello, al igual que los miembros de Factor X, expondrán y compartirán sus motivos, necesidades y forma perfecta de acabar con su vida y la del resto de compañeros. Los potenciales inmolados determinarán la mejor manera de finalizar sus vidas de manera común. La búsqueda del mejor fin posible concluirá con la voluntad de saltar por un acantilado en un autobús.

La narración de la búsqueda del precipicio idóneo les lleva a recorrer toda Europa, convirtiendo el libro en una especie de road movie cargada de momentos de compasión y tristeza así como de felicidad y alegría. El encuentro con el vacío y la supuesta muerte deliciosa en las entrañas de la mar, tendrá unos resultados imprevisibles para muchos de los autores de tan estrafalaria aventuras.

La comicidad con la que Paasilinna afronta un tema tan aparentemente dramático desenmascara los falsos recursos con los que muchas veces solemos opinar sobre las muertes provocadas por el propio individuo. En la obra no se discute lo malo o lo bueno del suicidio, no se cuestiona su validez o argumentos. Lo único que deja claro Arto Paasilinna, es lo estúpido y grandilocuente que resultan las grandes decisiones, mas aún cuando estas no tienen vuelta atrás.

Quizá como escribió uno de los poetas suicidas/no suicidas, José Agustín Goytisolo:

«(…) y no sabía

que aquel viaje tan sólo era un pretexto

para que todo se cumpliera y que ellos

eran también actores en la escena

de una función apenas ensayada

algo así como un rito de la noche

que iba a representarse sin un fallo.»


Publicado en Soitu.es el 22-09-2998


0 comentarios

¡Muera yo y viva mi fama!

24 de septiembre de 2008

¿Habré apagado el gas?

Suicidio y literatura. Muchos son los que se han ocupado de "los grandes impacientes" como los definió el escritor austriaco Stefan Zweig (los últimos, los amigos de 'Vacaciones en Polonia'). Una deserción que ha sido motivo de inspiración para libros maravillosos como la 'Agencia general del suicidio' de Jacques Rigaud o para grupos como la entente conocida como Suicide.

Es difícil hablar de este tema sin generar algún tipo de debate entre los partidarios del derecho a la muerte y los que estigmatizan a éstos como heréticos asesinos. Estas discusiones por lo general basculan entre el discurso simplista de algunas asociaciones pro-vida y algo como muy sesudo e intelectual a lo Durkheim o a lo Camus. Por eso se agradece el tono desenfadado que emplea Jean Teulé en 'La tienda de los suicidas' (Bruguera), una obra ligera pero repleta de humor negro y que se devora fácilmente en un par de bocados.

Las familias disfuncionales han dado mucho juego en el mundo de la literatura (sin ir más lejos la semana pasada les hablábamos de la saga de los formidables Kalandrian). En esta ocasión les queremos proponer un nuevo y original ejemplo con los Tuvache: una familia que ha venido ocupándose durante generaciones de facilitar el suicidio a todos aquellos que se acercan hasta su comercio, conocido como "La tienda de los suicidas". Para ello ponen a disposición de la clientela todo tipo de artilugios y brebajes que ayuden al cliente a abandonar este valle de lágrimas: estricnina (veneno que da nombre al dardo sónico que más ha hecho saltar a quien esto escribe), dagas para practicarse un harakiri, amanitas phalloides, sogas artesanales... todo aquello que sirva para cumplir con el lema del establecimiento: "¿Su vida ha sido un fracaso? Con nosotros su muerte será un éxito".

Sin embargo, como en toda familia, hay una oveja descarriada. Y ésa es Alan, el pequeño de la familia Tavuche, un alegre y risueño mozalbete que se empeña en ver siempre el aspecto positivo de la vida por muchos telediarios que sus escépticos progenitores le hagan tragar. Y mientras que sus hermanos Vincent —un atormentado esteta del suicidio— y Marilyn —femme fatale que suministra la muerte a través de sus labios— continúan la tradición familiar del "ars morendi", los padres no dejan de preguntarse qué pudo fallar para que el pequeño Alan haya desarrollado ese inquebrantable optimismo que poco a poco transformará a todos los que le rodean.

'La tienda de los suicidas' logra momentos ciertamente hilarantes, muy deudores en cierta medida del humor negro (y pelín cafre) de los años treinta como diría un amigo de los Infames. Es verdad que este librito podría dar vuelo a Tim Burton para crear una nueva familia Adams, sin embargo, el libro se agota en su misma idea inicial, pues más allá de lo original e irreverente del argumento, hay poco que contar. O sí lo hay, pero Teulé no ha sabido hacerlo.


No señores, esto no es un bukkake


La reciente muerte de David Foster Wallace y el centenario de Cesare Pavese han vuelto a poner sobre la mesa (de autopsia) la relación existente entre suicidio y literatura. De algunos casos ya nos ocupamos con anterioridad (René Crevel, Arthur Cravan y Adalbert Stifter... ), pero la lista de escritores a los que la vida se les hizo penosa podría ser extenuante y daría que pensar: Woolf, Hemingway, Levi, Brautigan, Zweig... Aquí van algunos nombres más que puede encontrar en la mesa de novedades:

Cesare Pavese: "No más palabras. Sólo un gesto. No volveré a escribir" dejó escrito dos días antes de su muerte. Sin embargo, el italiano volvería a tomar la pluma para escribir en una nota final: "A todos perdono y a todos pido perdón. No murmuren mucho". Tras lo cual ingirió el contenido de dieciséis botes de barbitúricos. La editorial Lumen acaba de lanzar una nueva edición de 'Entre mujeres solas' y 'La literatura norteamericana y otros ensayos' para celebrar la efeméride.

Sándor Márai: Persona non grata a las autoridades comunistas, se exilió en California, donde perdió a su mujer y las ganas de vivir. Puso fin a su vida de un disparo. Poco tiempo después se convirtió en un fenómeno de ventas. La editorial Salamandra sigue empeñada en que disfrutemos la obra de este escritor húngaro. 'La extraña', su último libro aparecido en nuestro país, es una maravillosa novela sobre la insatisfacción y la búsqueda del amor. Si le gusta Thomas Mann éste es su libro.

Marina Tsvetáieva: Se ahorcó con la cuerda con la que ataba su maleta de exiliada (bueno, esto mejor que se lo cuente otro). 'En el país del alma' (La Poesía, señor Hidalgo) es una serie de emocionantes cartas a familiares y amigos entre los que se cuentan nombres como los de Anna Ajmátova o Boris Pasternak. Hiperión ha lanzado una maravillosa 'Antología poética' que nos descubre a una de las mejores poetas rusas del siglo pasado.

Mário de Sá-Carneiro: Un hotel en París y cinco frascos de arseniato de estricnina. La eterna saudade hizo el resto. 'La confesión de Lucio' (Menoscuarto) es un libro seminal en la literatura portuguesa: bohemia, personajes atormentados y sexualidad bizarra a mansalva. Si Pessoa lo admiraba profundamente ¿por qué no habría de hacerlo usted?

Publicado en soitu.es (21-09-2008)

0 comentarios

MUERE JOVEN Y DEJA UN CADÁVER EXQUISITO

29 de mayo de 2008
grupo salvaje

A lo largo del año pasado tuve que acercarme con cierta frecuencia (los motivos no vienen a cuento ahora) hasta Figueras, tierra excesiva en muchos aspectos. Y digo excesiva porque no es casualidad que de esa ciudad saliera Salvador Dalí, campeón de lo bizarro, y que todavía hoy siga ofreciendo hijos insignes al mundo como la diva filo-gay Mónica Naranjo. En aquellas ocasiones aprovechaba para asomarme por el Museo Dalí, un teatro del siglo diecinueve que fue reformado para albergar la obra del pintor.

Allí es posible contemplar un dibujo que no llama la atención entre toda la quincallería freudiana del museo. Se trata de un retrato que Dalí dedicó a su amigo el escritor René Crevel (1900-1935). Por entonces aquel nombre no me decía nada. Sin embargo, ese retrato fantasmagórico escondía a un autor de culto cuyos libros han sido imposible de encontrar en España hasta hace bien poco. Libros que por fin van apareciendo y que son pequeñas joyas que nos acercan al siempre apasionante mundo del surrealismo.

Tras la Primera Guerra Mundial Crevel, Dalí y otros jóvenes artistas, sintieron la necesidad de buscar la salida a un mundo que les resultaba asfixiante. A esa búsqueda consagraron su vida y su obra. Ellos se referían a esa salida como lo maravilloso cotidiano (ya están los Infames otra vez con sus rollos culturetas...). Esto, que parece complicado de explicar, vendría a consistir en el uso de la imagen como una suerte de estupefaciente, un «viaje» que alterase la conciencia y anulase las diferencias entre fantasía y realidad.

Crevel, corazón cicatrizado

¿Estupefacientes? pero... ¿eso son drogas, verdad?. La solapa de la cubierta de Desvíos de René Crevel (El Nadir, 2008) parece confirmar esta idea: "Ha sido considerado por la crítica como un Proust, que en lugar de mojar la untuosa magdalena en su té, mojara su biscuit en LSD". Ante esta promesa lisérgica es difícil resistirse a su autor, quien por cierto no parece que se pusiera límites a la hora de experimentar con lo prohibido. Y es de sus propias experiencias de lo que trata esta obra en clave (suicidio del padre, angustia adolescente, iniciación sexual y a los paraísos artificiales, relación amor-odio con la madre...).

Al poco de escribir esta novelita (sin que se vea un demérito en tal consideración) a Crevel se le diagnosticó una tuberculosis pulmonar. Incurable. Tenía 26 años y el mundo en una copa de champán. A partir de ese instante escribe de manera frenética, en un intento desesperado por ganar tiempo, por vencer a la muerte vaciando la propia vida en sus escritos. La novela ¿Estáis locos?, traducida por primera vez al castellano por Cavaret Voltaire, responde a este frenesí autobiográfico. Aquí está representado todo el universo creveliano: la enfermedad y sus fantasmas, el Berlín de los cabarets, el sueño como revelación del espíritu, las mujeres fatales, el esoterismo... y un surrealista y largo etcétera.

y la respuesta es: sí

Tanto en 'Desvíos' como en '¿Estáis locos?' la escritura se acerca más al territorio de la prosa poética que a la obra narrativa convencional. A menudo no podemos distinguir entre lo vivido y lo soñado por el autor/personaje que adentra su imaginación en lo insólito y lo alucinado. No les pienso engañar, en ocasiones este autor puede resultar complicado de seguir, pero no se preocupen, abandónense a una lectura que no deja indiferente. La obra de Crevel es una invitación a la aventura interior, a recorrer un mundo movedizo y sin límites.

Es de agradecer la tarea de estas dos editoriales a la hora de rescatar autores heterodoxos, pues hasta hace menos de un año la presencia de un personaje clave en la literatura francesa de entre guerras se limitaba a un sólo título: Dalí o el antioscurantismo (José J. De Olañeta, 2004), un breve escrito interpretativo de la obra y figura del pintor Salvador Dalí (por el que Crevel sentía algo más que admiración). De la amistad entre ambos da cuenta este opúsculo y el magnífico retrato que el de Figueras dedicó al escritor.

El 17 de junio de 1935 Crevel cerró las ventanas de su casa y abrió la manecilla del gas poniendo fin a su enfermedad. Al día siguiente lo encontraron con una tarjeta en la espalda en la que se podía leer "degouté" (harto). Aunque se especuló con diferentes motivos, su suicidio respondía a una frustración propia del grupo surrealista: la incapacidad de resolver la oposición entre el yo y el mundo exterior. Incapacidad que sintieron en diferente grado Jacques Vaché, Arthur Cravan, Jean-Pierre Duprey, Jacques Rigaut, Óscar Domínguez... que junto a otros anónimos surrealistas reposan en el pabellón de los suicidas.

Para adentrarse en él no hay mejores guías que la Antología de poetas suicidas de José Luis Gallero (Ardora, 2005) y el último número de la revista Vacaciones en Polonia (nº3, 2007), la mejor publicación que un servidor se ha echado a la boca en los últimos años. Y ya entrados en este torbellino "masturbador", en daliniana fórmula, los Infames no nos privaremos de recomendar los Suicidios ejemplares de Enrique Vila-Matas (Anagrama, 1991).

fantasmagoría daliniana

Si quieren seguir tirando del hilo pueden recurrir a Antonio Martínez Sarrión y su 'Sueños que no compra el dinero'. Balance y nombres del surrealismo (Pre-Textos, 2008). Un magnífico ensayo sobre el universo surrealista.


Publicado en soitu.es (27-05-2008)





0 comentarios