La inagotable presencia de Marilyn

17 de febrero de 2009
¡¡quiero tocar!!

Cuenta la biografía de Arthur Miller que sus segundas nupcias fueron con Marilyn Monroe. No lo creo. Sostienen las múltiples biografías de Marilyn Monroe que se casó con Arthur Miller. Tampoco puede ser cierto. Que la novia de América, amante del presidente y actriz más voluptuosa que haya existido se haya casado con un escritor me resulta una pesadilla. Es verdad que Miller era un intelectual, una persona genial pero un gesto torcido y agrio, de forzada sonrisa y no muy agraciado. ¿Qué vio Marilyn en él?

Como aspirante a dandi, me lo preguntaré centenares de veces y me seguiré ofendiendo y doliendo ante tan romántica a la vez que torpe decisión. Quizá por no entenderla, no puedo mostrarme comprensivo con ella. Porque ella, la Monroe, fue la culpable del casamiento. Ella no enamoró al premio pulitzer, no lo embaucó sino que se entregó rendida a sus brazos, conocedora de que él era su última oportunidad. Y él ante los besos más cálidos que puedan imaginarse, se rindió.

¿Pero por qué le eligió? ¿No pudo el icono sexual del siglo XX comprometerse con un atractivo varón vacío y sencillo, sin complejidad para su felicidad? Parece que no. La espectacular rubia no lo escogió por ser una figura pública destacada, ni por su buena y refinada escritura (delatora de una sociedad norteamericana falsa de sonrisa adolescente). Marilyn lo tomó para que cerrase el argumento de su vida turbulenta. Un epílogo que debería haber sido el broche poético que merecía. ¿Quién hubiera podido resistirse?

Soy consciente de que esa idea me obsesiona, por ello no puedo de dejar de ver la silueta curva-contracurva de la mujer más deseada en más de un relato de la última obra publicada de Arthur Miller. En 'Presencia', la sombra de su ex mujer aparece en ocasiones, retazos o mejor retales, que es en cierta manera como siempre se dio a conocer.
Es la primera vez que se editan en español una serie de relatos que Miller escribió en las últimas décadas de vida: es un libro plagado de buenos momentos, brochazos firmes y sólidos cargados de lucidez y genialidad.

Publicado por Tusquets, es la primera vez que se editan en español una serie de relatos que Miller escribió en las últimas décadas de vida. La selección procede de diversas publicaciones como Esquire o The New Yorker, con la característica en común para todos ellos de la escenificación de un carnaval de personajes apartados de los cauces de la realidad. Aquella que los rodea, pero en la cual son incapaces de ser aceptados. Los protagonistas desplazados navegan por experiencias vitales que conforman la manera siempre ocurrente y sagaz de describir fracasos y éxitos de la sociedad que envolvía al autor de 'Muerte de un viajante'.

imagen descriptiva

besame tonto

El libro, como es habitual en las obras del estadounidense, está plagado de buenos momentos, brochazos firmes y sólidos cargados de lucidez y genialidad. Las reflexiones sobre la vida y lo indispensable de ésta nos traducen a un Miller maduro y sosegado que revive experiencias pasadas con la óptica y saber del tiempo. 'Presencia', el último y más entrañable relato, cierra el libro y bautiza al mismo. Lástima que el acierto editorial no se vea en la torpe elección de la portada, burlona y lastimosa.

Subrayar por tantas veces que ha sido afirmado como uno de los escritores más importantes del siglo resulta absurdo. Sin embargo, nunca viene mal recordar —en este caso con la excusa de la publicación de unos tardíos relatos en nuestra lengua— al que algunos también lamentaremos fue uno de los maridos más envidiados del mundo.

Brindis por un ahogado

Al igual que en las historias del escritor de 'Las brujas de Salem' en donde las experiencias vitales, fracasadas o felices, conducen a los personajes a espacios marginales del entorno que les rodea, así discurre la novela de Juana Cortés. 'Memorias de un ahogado' (Almirante) expone las vivencias de Jota, un protagonista abocado al alcohol y la represión sexual. Tras superar unos difíciles momentos y cuando parece que sale de la encrucijada alumbrándose como un nuevo ser, dueño de sí mismo y de su futuro, un desenlace inesperado le trastocará de nuevo. Es esta la primera novela publicada de esta interesante escritora, ganadora de diversos premios de relato breve que seguro nos deparará alguna que otra alegría más.

Para cerrar el artículo y celebrar la vorágine existencial de las novedades libreras, un 'Brindis' (Xórdica). La última novela de Ismael Grasa indaga en los problemas que la persona encuentra al crecer, la confusión de las relaciones personales y las expectativas de vida que se diluyen según abandonamos la niñez. Juan, el pequeño niño de provincias, va desarrollándose a través de las decisiones más o menos precipitadas que aborda. Sus inicios universitarios en la capital, el choque que supone el traslado a una ciudad mayor, las nuevas amistades y una situación social diferente le remarcan las distancias con las imágenes ficticias que soñó en la infancia. Los posteriores viajes en un intento de descubrir el mundo y los amores imposibles nos devuelven la mirada sobre nosotros y las conquistas que hemos supuesto realizar. No es el desaliento ni la tristeza lo que derrama el libro. Es sencillamente la necesidad de vivir.

Publicado en soitu.es el 14/2/2009

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(de nuevo) GABINETE DE LECTURA

13 de julio de 2008

Una foto maravillosa: Marilyn Monroe leyendo Ulises de James Joyce: quizá no sea el libro más adecuado para tratar de demostrar que una escapa del tópico de chica guapa (muy guapa) rubia (muy rubia) y tonta (que no digo yo que lo fuera).

(mientras pienso en cómo continuar esta entrada trato de descifrar la cara de Marilyn a punto de terminar el libro: apenas le queda la "colilla" del "infumable")

Los textos sobre literatura y libros de JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN me entretienen siempre por su condición de extraños en el panorama crítico. Teniendo tan claro que no siempre los términos "literatura" y "libros" son causa y efecto de un supuesto movimiento cultural, lo normal es escribir crítica sin mucho "amiguismo" , y atacando por lo general los tópicos sobre la lectura.
Buen ejemplo son algunos fragmentos de su GABINETE DE LECTURA (Comares, 2007) que ya colgamos en una entrada anterior del blog. A continuación algunos aforismos más.

En fin, ni todas las chicas monas son tontas, ni todo libro es literatura (No confundir un simple concepto de formato con una cualidad artística).


Leer, a menudo, no es más que una forma de perder el tiempo. Como vivir.

Hacer el amor no es obligatorio. Ni siquiera cuando estás casado. Leer tampoco.

"Es que la gente no lee poesía" se lamentaba un laureado poetastro. "La gente lee cualquier cosa, incluso te lee a ti", le respondí.

Era tan mal lector que sólo leía obras maestras.

Hay lectores con tan erróneo sentido del deber que, cuando comienzan un libro, siempre lo terminan. Conozco formas más agradables de perder el tiempo.

No conozco a nadie menos interesado en la lectura que a la mayoría de los escritores. Salvo en lo que se escribe sobre ellos, claro está.

Hay muchas fantasías asociadas a la lectura. Como que fomenta el espíritu crítico. Todo lo contrario: la mayoría de los lectores forman un manso rebaño que lee lo que le echen.

Yo solo leo a los poetas muy buenos o a los my malos. Y a veces lo paso mejor con los segundos.

Escriir bien es lo que se le debe exigir a quien no sea escritor. Al escritor se le debe exigir algo más (o algo menos)

¿Qué le aconsejaría a la mayoría de los jóvenes poetas? Que no escriban, que telefoneen.

Los malos libros y los malos lectores sostienen el negocio editorial.

Quien no lea por placer que no me lea, digo con Gil de Biedma. Claro que yo a algunos escritores los leo por el placer de verlos hacer el ridículo.

Titular es un arte difícil. Hay quienes lo dominan y quienes no. Algunos lo dominan tan bien que deberían limitarse a escribir títulos.

Si tuviera que escoger entre Pessoa y Lisbos, entre Kafka y Praga, enre Balzac y París, siempre me quedaría con Balzac cuando estoy en Praga, con Kafka cuando estoy en Paris, y con Pessoa cuando estoy en cualquier parte.

Me gusta leer porque me gusta llevar la contraria.

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