Nuevas colecciones de algunas editoriales independientes

13 de julio de 2009
¿ se puede ser tan clásico y tan pequeño a la vez ?

Puede interpretarse como buen síntoma que algunas editoriales independientes decidan ampliar sus catálogos con nuevas colecciones. Otro nuevo reto que les permite proponer títulos, autores y formatos que podrían desentonar en sus respectivas líneas editoriales, con las que, poco a poco y gracias a algún que otro título afortunado que logre aunar calidad y ventas, siguen haciéndose su propio hueco en un mercado necesitado sin duda de estas propuestas.

Grandes autores en grageas!

Ésta es la nueva propuesta de la editorial Alpha Decay (aunque ya no es la última: de ella hablaremos después): la colección Alpha Mini : grandes autores en formato pequeño servidos en una nueva y cuidada traducción. Ellos han logrado definirlo muy bien: "Cápsulas literarias portátiles de lectura instantánea". El ejemplo más claro son los dos primeros títulos que pueden encontrarse ya en las librerías: ‘La mascarada de la muerte’ de Poe y ‘El cuento’ de Conrad, ambos relatos traducidos por Juan Gabriel López Guix. Más clásico no se puede ser. Hace meses, aprovechando el bicentenario del nacimiento de Poe, creíamos que igual era necesario no sólo reeditar sus relatos (de imprescindible lectura y que el aniversario del autor había estimulado), sino revisar la traducción ya considerada "clásica" de Cortázar, influida por la primera que Baudelaire hizo en su momento al francés. El traductor ha tratado de ceñirse lo máximo a Poe y olvidar ese peso que siempre suponen las traducciones anteriores, más aún siendo tan celebradas, con razón o sin ella. Ahora los lectores podremos valorar.

Después del verano seguirán las grageas a 5 euros, pero con jóvenes autores españoles en su interior. ‘Cul-de-sac’ de Mercedes Cebrián , que incluso antes de llevar leída la mitad de su primer libro, ‘El malestar al alcance de todos’, una extraña y acertada mezcla de relatos y poemas, dejó de ser "interesante" y un "descubrimiento", para convertirse en una de las mejores autoras actuales. Y en esta última sentencia incluyo autores y autoras, nacionales y extranjeros.

Aunque ‘Socorrismo’ será la primera incursión de Antonio Luque en el campo de la narrativa, esperamos mucho de él sabiendo que es el hombre a la sombra de sí mismo bajo el nombre de Sr. Chinarro , un letrista frente al cual ya nos quitábamos el sombrero cuando teníamos que descifrar las letras de sus primeros discos. En caso de duda consulte con su librero.

Y más autores seguirán apareciendo en este formato: entre los más clásicos, Saki, Vernon Lee o Henrich von Kleist; y otros autores actuales como Manuel Vilas y Javier Calvo. Pero también en breve crecerán sus colecciones: en septiembre aparecerá el primer título de la nueva colección Héroes Modernos.

Paseos por París junto a Apollinaire

Guías de paseantes perplejos:

El Olivo Azul no se ha cansado de la narrativa. Ni mucho menos. Pero tampoco quieren limitarse a ella. Con ese objetivo han lanzado recientemente su colección Errantes –cambiando el azul de las portadas de su colección Narrativas por el rojo-, que se centrará en el concepto de viaje, pero desde diferentes puntos de vista. Porque los viajes pueden ser reales, imaginarios e interiores…y también afrontarse desde distintos géneros literarios: ensayo, aforismos, diario de viaje, memorias, autobiografía, etc.

Apollinaire nos conduce en ‘El paseante de las dos orillas’ por las dos riberas del río Sena, dejándose llevar caminando por el emocionante París de las primeras vanguardias, pero sin el orden impuesto por las guías de viaje actuales. Apollinaire se plantea el paseo como una forma de vida, dejando el hogar atrás o encontrándolo en las calles por las que vaga, dialogando consigo mismo, con aquello con lo que se encuentra y con el pasado que aún late y emociona en algunas esquinas de aquellos barrios.

‘Las noches revolucionarias’ es un libro apasionante, porque apasionantes fueron los años que Rétif de la Bretonne se empeñó en describir en estas crónicas casi periodísticas. Tres años desde el revolucionario año de 1789 dan para mucho: ideales, derechos…pero también orgías, asesinatos, torturas, saqueos, venganzas, violaciones… Todo aquello que este "espectador nocturno" o "búho de París", como a él mismo gustaba calificarse, supo encontrarse y pudo tener noticia quedó para siempre en estas crónicas, narradas no sólo como un documento imprescindible de una época sino con una emoción que casi permite leer este libro como una novela de intrigas, de hombres soñadores y actos terribles.

Lucien Victor Guirand de Scévola para la acertada cubierta

Un panteón portátil para los grandes autores:

Algún tiempo más, respecto a las anteriores, lleva la colección El Panteón Portátil de Impedimenta . Editorial en la que podía encontrarse de todo, con un excelente nivel de calidad en todos los sentidos, convertida en seña de identidad dentro de la variedad propuesta: una novela clásica japonesa como ‘Botchan’, libros extraños y malditos como ‘De la elegancia mientras se duerme’, clásicos intachables en nuevas y excelentes traducciones como su reciente volumen de relatos de Kafka, las memorias de guerra de Wyndham Lewis, los cuentos chinos de un autor español actual o libros tal difíciles de etiquetar como ‘Lo infraordinario’ de Georges Perec. Pero le han tenido que hacer hueco a una serie de libros especialmente heterogéneos o que decididamente se distancian del género narrativo. Hace meses apareció ‘El rival de Prometeo’, un conjunto de relatos y ensayos de autores de distintas épocas y procedencias sobre los autómatas, editados por Marta Peirado y Sonia Bueno.

La segunda incorporación al Panteón Portátil es ‘Francia combatiente’, volumen en el que Edith Wharton recopiló sus artículos escritos sobre sus experiencias durante los años de la Primera Guerra Mundial y los lugares del conflicto. Autora imprescindible, a la que podemos sentir enamorada de Francia, de su espíritu y causa, y verla acudir como un corresponsal de guerra a los reconocimientos del frente, pero bien vestida y sin olvidar sus elegantes sombreros.

el ejercicio "vampírico" de 'El sirviente'

Las filias "anglo" de una editorial declarada "francófila":

Cabaret Voltaire inician con ‘El sirviente’ de Robin Maugham, una nueva línea de literatura anglosajona, con la intención de completar su excelente vertiente de literatura francesa (Cocteau, Zola, Stendhal, Gide, Duras, su decidida apuesta por recuperar a Gómez Arcos, y otros más). La editorial seguirá siendo más francesa que inglesa en cuanto al número de títulos, pero esta nueva propuesta seguro que les permitirá editar a autores a los que tenían ganas pero que por desgracia no cabían en la línea editorial que seguían. Una suerte para aquellos que nos declaramos sus seguidores.

‘El sirviente’ es el relato de una posesión o dominación silenciosa: Tony, el señor, irá cayendo poco a poco bajo la dominación de Barrett, su nuevo y extraño mayordomo; estos dos personajes que fueron interpretados en la gran pantalla por Dirk Bogarde y James Fox, dirigidos por Joseph Losey con guión de Harold Pinter, en una de las grandes películas británicas. Busquen la película (no sabemos si resultará fácil, nosotros aún seguimos buscándola) y el libro, una excelente novela de la que volveremos a hablar dentro de poco.

Publicado en soitu.es (12-7-09)


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Donde dije "digo", digo "Diego"

18 de abril de 2009
Gide dibujando billetes falsos de 50 euros

Realizar una buena traducción es realmente complicado. Hoy, que desperté un poco pesimista, diría que es casi imposible. En esta labor de 'interpretación' y 'manipulación' de textos ajenos de la que tanto dependemos los lectores, se debe establecer una especie de negociación entre ambos idiomas, con el traductor como mediador, quien tendrá que hacer 'hablar' al texto original en otro idioma. Aún siendo 'imposible', una buena traducción será aquella en la que —aunque no puedan ganar todos— ninguna de las partes implicadas sienta que haya perdido. Ciertamente, se trata de "decir casi lo mismo", tal y como titula Umberto Eco su libro sobre el trabajo de traducción y sus propias experiencias en el campo.

Al igual que poniendo a dos pianistas frente a la misma partitura se escucharían dos versiones distintas (esa misma distancia puede apreciarse años después en el mismo intérprete, como en el conocido caso de Glenn Gould sentado en la misma silla, pero interpretando las 'Variaciones Goldberg' en 1955 y en 1981) sucederá algo parecido cuando pasado el tiempo volvamos a empezar a leer alguna de las novelas más conocidas, pero en una nueva traducción. Ésta ha sido nuestra tarea de la última semana.

Si alguien se atreve aún a entrar en una librería, tendrá que enfrentarse en primer lugar a grandes pilas de libros firmados por presentadores de la tele, pero si contiene su primer impulso de salir de ahí y resiste un poco, podrá encontrar algunas novedades que presentan un texto prácticamente nuevo basado en una reciente traducción.

"Ha llegado el momento de pensar que oigo pasos por el corredor", se dijo
Bernard.

"Buen momento para pensar que estoy oyendo a alguien andar por el
pasillo", se dijo Bernard.

La primera de las frases corresponde al inicio de una de las novelas canónicas del siglo XX tal y como la leímos todos aquellos que no estábamos preparados para leer en francés 'Les faux-monnayeurs', de André Gide, traducida entonces por Agustín Caballero Robredo como 'Los monederos falsos'. La otra traducción es obra de María Teresa Gallego Urrutia, y la acaba presentar la editorial Alba con un título también nuevo: 'Los falsificadores de moneda' (Alba, 2009). La diferencia para algunos será demasiado sutil o simplemente les parecerá igual, pero nosotros pensamos que siendo el contenido el mismo, ya que existe un texto original como referente, la forma de expresarlo puede convertir el nuevo texto en una obra mejor, como creemos que es el caso. Que las ediciones anteriores de la obra estuvieran descatalogadas convierte a esta nueva edición en imprescindible: una de nuestras novelas favoritas, constantemente citada como una de las cumbres narrativas del siglo pasado, que hemos tenido la inmensa fortuna de poder volver a leer con la misma devoción que hace años, pero con el valor añadido de una estupenda traducción.

Gesto agrio y cabeza genial: Poe

Una de las efemérides literarias más citadas en lo que va de año es la del segundo centenario del nacimiento de Edgar Allan Poe. Y se han sucedido las ediciones de sus cuentos en editoriales como Páginas de Espuma, Augur o Edhasa... todas ellas con la traducción ya 'clásica' de Julio Cortázar, uno de sus más dignos y reconocidos herederos. Pero nadie parece haberse hecho eco en este caso de la siempre citada necesidad de revisar las traducciones de los textos clásicos, y de que la labor realizada por Cortázar, aunque muy buena, tiene más de 50 años. Si fuéramos de los que piensan mal (y acertaríamos, concluiría mi abuela) haríamos asomar la posibilidad de que se tratara de un caso —también clásico— de comodidad editorial (aunque la edición de Páginas de Espuma tiene en su caso el valor añadido de contar con un pequeño prólogo en cada cuento a cargo de un reconocido escritor). Aprovechando todo el revuelo editorial que se ha levantado nadie parecía dispuesto a levantar la mano y opinar lo contrario... ¿Nadie? ¡No! Una pequeña editorial asentada en Oviedo resiste a base de muy cuidadas ediciones de textos necesarios y autores imprescindibles: en el catálogo de KRK encontramos a Sterne, Iván Turguénev, Boleslav Prus, Ramón Pérez de Ayala, Piotr Alexéivich Kropotkin, Samuel Johnson, E.T.A. Hoffmann... listado al que acaba de sumarse el señor Poe.

'Cuatro cuentos. Manuscrito encontrado en una botella. El hombre que se gastó. La caída de la casa Usher. William Wilson' (KRK, 2009) presenta cuatro de sus piezas más (re)conocidas, "cuatro deslumbramientos" como señala el prologuista Ricardo Menéndez Salmón (y dos de los cuentos de Poe que a mí más me gustan, por si a alguien pudiera interesarle este dato), en una nueva y muy buena traducción a cargo de Jaime Priede. Así que ahora paso las tardes disfrutando de estos cuatro cuentos 'casi nuevos', comparándolos inevitablemente (y por diversión) con los de mi viejo ejemplar de los cuentos de Poe, porque al igual que KRK sentía que lo que necesitaba no era un volumen más nuevo con el texto de siempre, sino los cuentos que ya conocía, pero leídos desde otro punto de vista.

Dos amigotes comparten su vida en la carretera

El último de los casos es algo distinto. 'En el camino' de Jack Kerouac siempre ha sido uno de los libros que pensé que necesitaban una nueva traducción. No critico por ello la labor de Martín Lendínez (su primer traductor para Anagrama), pero se trata de la traducción, hace ahora 20 años, de un libro con una importante carga de terminología jergal que parecía hacerlo envejecer de forma prematura. Por eso es muy bien recibida la nueva traducción de Jesús Zulaika, que ahora pasa a titularse de forma más acertada 'En la carretera' (Anagrama, 2009), y que cuenta con el interés añadido de tratarse del texto 'original', es decir, el del famoso rollo mecanografiado que Kerouac escribió del tirón y que años después tuvo que recortar, y casi escribir de nuevo, para lograr que se publicara.

De hecho, nada más empezar a leer esta 'novela de culto', encontramos enseguida las primeras diferencias: la vida en la carretera de Sal Paradise, que aquí vuelve a llamarse por fin Jack Kerouac, empieza con la aparición de Neal Cassady —que tampoco se esconde en la novela tras el nombre de ficción de Dean Moriarty—, pero ésta sucede no después de la separación del narrador con su mujer, sino tras la muerte del padre. Este es sólo un ejemplo, porque también en el texto original (aunque con el mal menor que supone toda traducción) podemos sentir mejor ese fraseo desenfrenado y bebop del que siempre se habla al referirse a la prosa del santurrón de los hipsters, repeticiones voluntarias, fragmentos eliminados... Algo parecido a esta renovación beat es la que promete también Anagrama para el próximo año, cuando publique los cuentos de Raymond Carver sin los cambios y cortes a los que los sometió su editor Gordon Lish: se anuncian no sólo finales distintos o completamente mutilados, sino también un serio cambio de estilo, al parecer no tan minimalista y frío, que quizá no sea del gusto de los muchos seguidores del norteamericano.

Y yo que siempre dije que nunca volvería a leer esta novela, estoy volviendo a sentir (como cuando tuve 20 años) ese entusiasmo casi eufórico hacia las cosas que encontramos en el camino y las que nos quedan aún por adelante. De hecho, ahora que he vuelto a poner un disco en el que George Shearing toca el piano... ¡increíble!... estoy convencido de terminar las 30 páginas que me quedan del libro en apenas un suspiro. Entonces, y sólo entonces, seguiré buscando nuevas traducciones para poder volver a leer de nuevo otras novelas ya conocidas.

Publicado en soitu.es (15-4-09)


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Diga 200 veces Poe

19 de enero de 2009

Este es un post inevitable, aunque tentado he estado de pasarlo por alto. Se trata, sin duda, de una de las efemérides literarias más comentadas del año, quizá la más importante: hace hoy doscientos años nació en Boston un bebé de culín sonrosado con el nombre de Edgar Allan Poe, convertido años después en el tipo retorcido de la foto de arriba, el autor de una de mis primeras lecturas más recordadas.

Pero dejémonos de festejos públicos, de gente vestida de negro que va de "oscura" por la vida tratando de imitar el gesto de desagrado de Poe (ver foto), y encerrémonos a leer un cuento del maestro norteamericano, cuya sombra aún todo lo alcanza. No es pedir mucho. Esta noche leeré "La caída de la casa Usher".

Quien no tenga a mano (en las estanterías de su casa) alguna edición de los cuentos de Poe podrá regalarse alguna de las que recientemente han vuelto a ocupar un lugar privilegiado en las mesas de novedades de todas las librerías, todas con la ya "clásica" traducción de Julio Cortázar. Edhasa, Galaxia-Gutenberg... Yo me he quedado con la edición que han preparado Fernado Iwasaki y Jorge Volpi para Páginas de Espuma con la colaboración de 69 escritores latinoamericanos y españoles que prologan cada uno de los cuentos, pero también me gusta mucho el volúmen con el que la editorial Augur se puso recientemente de largo en el mercado: aciertan con el "collage" de la portada, donde sobre el rostro de Poe han pegado recortados los ojos de Cortázar.

Hasta aquí todo muy bien. Fetén. Pero qué pasa con el resto de la producción literaria y crítica de Poe, que permanece a día de hoy en el limbo de los libros de bolsillo que ni siquiera resulta fácil encontrar en las librerías. Lo digo por si alguien se anima.

De entre las novedades destaco por su aparente interés (digo "aparente" porque aún no le he podido echar un ojo; y digo "interés" por si alguien me la quiere regalar) la biografía de Poe escrita por Peter Ackroyd, titulada "Poe. Una vida truncada", y que publica en castellano Edhasa. Buscando por internet he encontrado un texto de dicho biógrafo en que reconstruye los últimos días de Poe. Aquí les dejo con la descripción de su última noche para que no puedan pegar ojo. Y si les pica el gusanillo y no pueden dormir, ya saben, lean (de nuevo) a Poe.

"El sábado por la noche, empezó a gritar “Reynolds”, y no paró de chillar hasta las tres de la madrugada del domingo. “Debilitado por tanto esfuerzo –escribió el doctor–, se quedó sosegado y pareció descansar durante un breve tiempo. Luego, moviendo levemente la cabeza, exclamó : “Que el Señor se apiade de mi pobre alma“, y expiró” Éste es el testimonio del doctor Moran, en una carta escrita a Maria Clemm cinco semanas después de dichos acontecimientos.
Esto es lo que más se parece a la verdad, al margen de los ulteriores esfuerzos del médico por presentar la escena bajo una luz más favorable. ¿Qué había estado haciendo Poe durante el tiempo que perdió en Baltimore? La hipótesis más ceptada es la de que fue utilizado como “lacayo” para fines electorales; es decir, lo habrían estado vistiendo con distintos ropajes, de manera que habría podido así votar más de una vez por un candidato concreto. A estos falsos votantes solía encerrárseles en corrales o posadas, donde se les suministraba alcohol en abundancia. También corrió la voz de que “Reynolds”, el nombre que Poe no dejó de gritar en su delirio final, era el apellido de un interventor electoral que se encontraba en la taberna de Ryan. Es una explicación posible, pero no la única."

(Peter Ackroyd)

Cumplirá muchos más. Lo que no sé es si también estaremos nosotros para celebrarlo.

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