Robert Walser: paseante, librero e ¿infame?

26 de enero de 2010

"Una mañana, un joven de aspecto adolescente entró en una librería y pidió ser presentado al dueño. Hicieron lo que deseaba. El librero, un hombre mayor y de muy venerable porte, clavó una penetrante mirada en el personaje algo tímido que tenía delante y lo invitó a que hablase.
-Quiero ser librero -dijo el juvenil principiante-, es un deseo muy intenso y no sé qué podría impedirme llevar a cabo mi propósito. El oficio de librero me ha parecido siempre fascinante y no veo por qué habría de consumirme más tiempo lejos de tan entrañable y hermosa ocupación. Pues tal como ahora me ve aquí ante usted, caballero, me considero extraordinariamente apto para vender libros en su
tienda, y tantos como pudiera desear vender usted mismo. Soy un vendedor nato:
amable, ágil, educado, rápido, más bien parco en palabras, resuelto, calculador,
atento y honrado, aunque no tan neciamente honrado como quizá parezca. Puedo hacer rebajas si veo ante mí a un pobre estudiante, y disparar los precios para hacerles un favor a esos ricachones que, sospecho, a veces ya ni saben qué hacer
con su dinero. Pese a mi juventud, creo conocer un poco al ser humano, y además me gusta la gente, por muy distinta que sea. De modo que nunca pondré mi experiencia humana al servicio de la estafa, y menos aún se me ocurrirá perjudicar su preciado negocio tratando con exagerado miramiento a ciertos pobres diablos. En una palabra: mi amor por la gente mantendrá, en la balanza de las ventas, un agradable equilibrio con la razón mercantil, que tiene un peso similar y me parece tan necesaria para la vida como un alma rebosante de cariño: sabré mantener la justa medida, puede estar seguro de ello desde ahora. [...]"

[Robert Walser, 'Los hermanos Tanner'. Siruela, 2000. Traduccion de Juan José del Solar ]

¿Robert Walser infame? Sí, no veo por qué se sorprenden

Un debate abierto hace tiempo y que ha ido dejando (muy) de vez en cuando algunas manchas de vino sobre este blog, ha sido (y seguirá goteando) el de la búsqueda del empleado perfecto para Tipos Infames. Libros y Vinos entre la amplia galería (y estanterías) de nuestro autores más estimados/admirados/y queridos (incluso). El primero en aparecer fue Malcolm Lowry, autor de la indispensable (para unos -nosotros, por ejemplo- infumable para otros) 'Bajo el volcán', que con motivo del centenario de su nacimiento nos recordó no sólo sus virtudes con la máquina de escribir sino su demostrada capacidad para realizar auténticas virguerías con los destilados de alcohol.

Conocíamos otras muchas capacidades suyas como escritor y pensador a través de textos más conocidos, pero algunas de las reflexiones y recuerdos de Guy Debord que encontramos en el libro 'Panegírico' (Acuarela&Antonio Machado, 2009) le mostraron tan admirable bebedor que no tuvimos más remedio -al contrario, fue un placer- que incluirle en una lista que empezaba a crecer en busca de opiniones. Reflexionaba sobre el acto y las consecuencias de beber de una forma tan lúcida que nos pareció seguiría borracho al escribir frases tan enmarcables como la siguiente: "Aunque he leído mucho, he bebido más. He escrito mucho menos que la mayoría de gente que escribe, pero he bebido más que la mayoría de gente que bebe."

Hoy, con el inicio de la novela 'Los hermanos Tanner' recordamos los sobrados méritos de Robert Walser, nuestro paseante de corte favorito, para entrar en esta enumeración. Y es que hacía mucho tiempo que preparaba incluir aquí esta larga parrafada de Simón en la que explica los motivos por los que desea trabajar en una librería. Por cierto, la editorial Siruela tiene preparada para los siguientes meses la traducción de una biografía sobre el suizo: hasta entonces iremos pensando en la forma adecuada para celebrarlo.


12 comentarios

Ocultismo ibérico

2 de agosto de 2009
Cosas de aquí

Habrán de saber perdonar el tono confesional de estas primeras líneas, pero pueden ser pertinentes pues explican mi primer contacto directo con las fantaciencias ocultas. Lo que voy a relatar aconteció hace ya algunos años, cuando los Infames todavía calentaban los codos en algún aula universitaria.

Recuerdo perfectamente que mientras el resto de sus compañeros organizaban algún tipo de vuelo con destino a París o Punta Cana bajo ese paraguas que se ha dado en llamar "Viaje de Ecuador" quienes perpetran este espacio decidieron, a falta de otros medios, organizar una excursión low-cost (mesón y porrón) a Segovia. Tras fatigar la ciudad castellana emprendimos el retorno, sin embargo, dada la sobrada impericia del conductor o quien sabe si al influjo de una mefistofélica fuerza que nos desvió de la ruta original, acabamos perdidos en la montaña envueltos en una densa niebla de misterioso origen. Fue entonces cuando sentí que mi cuerpo dejaba de obedecerme y fuí arrebatado por unas extrañas luces que giraban a mi alrededor. Cuando recobré la conciencia me encontraba en plena A-6 entrando de nuevo en Madrid. Los otros Infames aseguran que aquel episodio paranormal fue en realidad el resultado de una intoxicación producida por un cochinillo porcino y un vino de batalla especialmente cabezón unida a un severo mono de biodramina. En cuanto a las luces, explican que fueron las de la pareja de la Guardia Civil al irrumpir en Navacerrada. Eso dicen… pero yo sé lo que vi. Todavía existen espacios de sombra a los que las explicaciones de la ciencia y la razón no pueden llegar.

mezclas bizarras

Todo lo anterior viene a cuento de la aparición de 'España es sobrenatural' (Melusina), un trabajo a varias manos y tentáculos para el que han unido fuerzas los colaboradores de dos de nuestros fanzines favoritos: 'Mondo Brutto' y 'Vacaciones en Polonia'. Y de esta mezcla, propiciada por una editorial que lleva el nombre de una mujer serpiente, sólo podía salir algo…bizarro. ¡Pero no se queden en las puertas!... ¡Pasen! ¡Pasen y lean!.

Los brutos mecánicos Galactus y Grace Morales les demostrarán que lo sobrenatural en la piel de toro va mucho más allá de 'El castillo de las mentes prodigiosas' y las barracas de feria. No les vamos a engañar, su 'Ocultismo ibérico' es como un artículo de su fanzine pero a lo brutto, esto es incontinente, excesivo por momentos… pero siempre chusco y parrandero. De su mano nos adentramos en la noche oscura del alma hispana, de donde emergen personajes que confirman a España como una superpotencia dentro de lo paranormal: Pedro Muñiz "el arzobispo nigromante", sor María de Jesús de Ágreda, más conocida como "la monja voladora", el teósofo Mario Roso de Luna "el mago Rojo de Logrosán (Cáceres)"… esos, por no hablar de nuestros dirigentes porque ¿qué otra nación puede presumir de que su destino haya sido dirigido por un monarca directamente "Hechizado" (no, no hablamos del campechano, sino de Carlos II) o por un dictador al que se consideraba una reencarnación de Santiago Matamoros en versión llavero? ¿Son ustedes capaces de imaginarse una suerte de "Hell Boy" nacionalcatólico? Servidor de ustedes, y tras leer el libro de marras, sí.

La monja voladora en plenos ejercicios espirituales

Por su parte, los amigos de Vacaciones en Polonia nos introducen en la vida (y milagros, claro) de dos campeones de lo oculto: el señor Vicente Risco y don Eduardo Cirlot. La enorme figura de Risco, en su comunión de los arcanos teosóficos y el galleguismo militante, amén de su gusto por unos extraños cigarrillos egipcios (ejem…), nos ha cautivado hasta el punto de que los Infames ya hemos hecho nuestro el lema del yogui gallego: "Ser diferente es ser existente".

Pero si hubo un escritor paranormal por estos lares, ése fue Juan Eduardo Cirlot: poeta superrealista, cabalista catalán, crítico del arte otro y coleccionista de espadas. El que se consideraba a si mismo como el "último fascista de Europa" (lástima que no…) se acercó a todos los saberes mágicos y heterodoxos conocidos y por conocer para crear un mundo alternativo. Dicho esto, no parece extraño que coquetease con el sufismo, la alquimia, la simbología, el surrealismo… de hecho se cuenta que el poeta irrumpió en pleno cenáculo bretoniano blandiendo un crucifijo al grito de "¡Yo soy Juan Eduardo Cirlot y soy católico!", que casi nos recuerda más al "Me llamo Iñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir" de La Princesa Prometida que a una velada surrealista.

Cada verso que escribo, cada canto / es tan sólo un conjuro; sólo tanto.

Para todos aquellos que quieran iniciarse en los arcanos del cirlotismo su 'Diccionario de símbolos' se reeditó hace poco por Siruela. Los que todavía estén arqueando la ceja pueden hacerse con el documental 'La mirada de Bronwyn' de Gerard Gil en el que se traza el retrato del escritor a partir del enamoramiento místico que le produjo la visión de la actriz Rosemary Forsyth en "The War Lord" y a la que dedicó el inmenso ciclo 'Bronwyn' (Siruela). Cirlot… ¡Qué tipo más grande!.


Publicado en soitu.es (30-7-09)


0 comentarios

La cadencia de la muerte

31 de mayo de 2009
La piedra de la paciencia

Todo comenzó en 2005, más concretamente, el día de Todos los Santos, cuando en la localidad de Herat, al oeste de Afganistán, se iba a producir un coloquio literario. Sin embargo, la muerte inesperada de una de las ponentes hizo que el acto tuviera que cancelarse con el sentimiento trágico de lo que se trunca sin llegar a ser.

Hasta aquí nada raro puede deducirse de este hecho, salvo la tragedia luctuosa que toda defunción conlleva. Sin embargo si escarbamos un poco averiguaremos que la fallecida respondía al nombre de Nadia Anjuman, su edad no era superior a un cuarto de siglo, y su muerte no se trató de un golpe fortuito y desafortunado de la natura, sino que fue provocada por la ira furibunda de su marido.

El salvaje asesino, hombre culto y educado que "permitía" la asistencia de su esposa a tertulias, no pudo más. Un comentario de su suegra hizo que de manera brutal terminara ipso facto con la vida de la que supuestamente más quería y después, como el manual de buen cobarde indica, se intentó suicidar con una inyección de gasolina. Uno de los invitados a Herat y amigo de la víctima, al enterarse de suceso, acudió al hospital penitenciario donde agonizaba el hombre. Allí junto a su cabecera reflexionó "Si yo fuera una mujer, me quedaría aquí a su lado, esperando verlo reventar". Esta fue la historia que Atiq Rahimi vivió y el germen de su última novela, ganadora del último premio Goncourt.

El escritor afgano afincado en Francia desde la invasión de su patria, publica esta obra con el título simbólico de "La piedra de la paciencia". Ese elemento "confidente" sobre el que depositamos nuestras desgracias y que algunos identifican con La Meca. Ese libro de confesiones ilícitas que acaba por destruirse para liberarnos definitivamente de nuestros males. Y así es como actúa un moribundo talibán encamado en la cuarta novela, primera escrita en francés, de Rahimi.

Atiq Rahimi

Cuidado por su mujer, el guerrillero en estado vegetal por una bala en la nuca descansa en la humilde casa de algún lugar de Afganistán. Su esposa le cuida al son de la respiración pausada con la cadencia del paso de las cuentas de su rosario. Entre las llamadas a la oración, el cuidado de las hijas y las visitas a su tía, pasan lentamente los días. Ella rodeada del bélico entorno, toma a su esposo como esa piedra de la paciencia en la cual desahogar sus secretos más ocultos y oscuros.

Una historia en la cual, el hombre antes independiente y director de vida doméstica queda relegado a una figura dependiente, un pelele en manos de su esposa, la tradicional mujer sumisa que aceptó como pudo una vida marital bastante tormentosa. Es en este momento, junto al letargo de su marido cuando desahoga su ser. A modo de biografía consigue revelar sus sentimientos y emociones adquiriendo la palabra unas dimensiones que jamás pudo pensar. Es con su propia narración cuando se da cuenta de la realidad que ha padecido tantos años. El final trágico, como no podía ser de otra forma, nos recuerda que la violencia está más que presente en el mundo bajo distintas máscaras, la más lamentable la que se disfraza bajo la apariencia del amor.

La historia que este escritor, admirador de "El Amante" de Duras, nos traslada más allá de las fronteras territoriales y culturales. Nos recuerda a la confesión ante un difunto de cuerpo presente en la obra de Delibes "Cinco horas con Mario" , o a las cartas al hijo muerto que Camilo José Cela tuvo a bien escribir con el título de "Mrs Caldwell habla con su hijo". Obras todas ellas con un marcado carácter redentor (la necesidad de contar para autosalvarse), una angustia vital contenida que explota en determinados momento bajo reproches calmados por supuesto amor y la presencia del protagonista (fallecido o a punto de morir) que es el centro de la novela y sin el cual no podría mantenerse la estructura narrativa.

Alabamos en este caso a Siruela, que ha acertado traduciendo y publicando en castellano este magnífico premio Goncourt. Sabida es nuestra admiración por este certamen, pero más aún por aquellos editores que saben mantener una coherencia en su actividad. Esperamos que podáis disfrutar de este ejemplar y que desveléis su interior con la paciencia y tranquilidad que merece o que aprovechéis el fin de semana para pasear por la Feria del Libro, que abre sus puertas como cada año en Madrid.

Publicado en soitu.es (30-5-09)


0 comentarios

"Está claro que cuando una cantante alemana me prepara, por ejemplo, patatas salteadas, me está aburguesando"

20 de febrero de 2009
"Por lo general, antes de ponerme a escribir
me enfundo primero una bata de prosas breves"

Podía haber inventado cantidad de títulos curiosos, pero ninguno tan genial como estas palabras sacadas de debajo del sombrero de Robert Walser (extraídas de "Escrito a lápiz. Microgramas I(1924-1925)", Siruela) y que, seguro, serán del gusto de al menos un par de personas que creo conocer. Como no puedo dormir he abierto este primer tomo de los microgramas por una página cualquiera, y enseguida he encontrado este (vamos a llamarlo) poema. Eso es lo único que pretendo hoy: compartir el (a su manera) poema, leer algunas páginas más y (eso!) dormir.

Hay algo en mí que se alegra
cada vez que veo gente irritada,
quiero decir que soy feliz
cuando siembro el descontento.
Se ablanda el enfado,
y quien fue cruel y descuidado
puede ahora amar y cuidar.
Me despreciaba casi siempre
que me tenía respeto a mí mismo,
si podía sufrir, encontraba abiertas
las puertas de la felicidad
y volvía a alegrarme
por regresar de nuevo a ese estado.
A mi madre la temía
porque lo suyo era sufrir, me inquietaba
la compasión que yo sentía.
Debo rehuir las amistades
para no avergonzarme de quien soy,
ya que nunca me decepciono a mí mismo
sino siempre a los demás.
Vivo al margen de la sociedad,
hablo alegre, amable
y suavemente, porque nadie
me tributa admiración.
Me encanta destacar
donde no ha lugar a distinguirme, y me aparto
cuando intuyo un resplandor,
como una esclava blanca
nacida para la oscuridad, y añado lo siguiente:
en ninguna parte existe independencia.
¿No son los libres quienes sirven con más voluntad?
Sin haber sido perezoso
no puedo decidirme a ser laborioso,
ni mejorar
sin haber mostrado antes un defecto,
ni tampoco estar alegre
sin haber estado disgustado, ni confiar
sin haber desconfiado. A la creencia la sigue,
si la dañan, el descrédito.
Por eso no creo y me reservo cosas más hermosas.
Mientras se reponen los enfermos, enferman
los sanos; por más años que tenga, me convenzo
y vuelvo a ser joven.
Si me asusto me despierto.
La seguridad en uno mismo me parece un marasmo
en el que duermen los trabajos
que demandan sacrificio;
Fuerte se mantiene quien no se considera como tal.

Robert Walser, Microgramas I (Siruela, 2005; pp. 73-75)


0 comentarios