LA MUÑECA VIAJERA DE KAFKA

7 de agosto de 2008

Qué cierto es que nunca sabemos qué libros llevarnos de viaje. Momentos antes de cerrar la maleta comienza la duda: ¿de todos los libros desperdigados por la habitación cuáles me llevo de vacaciones? Es entonces cuando se comienza a evaluar portadas, tamaños, temáticas, autores… hasta que finalmente un par de ellos suelen ser los elegidos para acompañarnos a nuestro Castellón particular.

Sin embargo existe un parámetro tan importante o más que los anteriormente mencionados: el peso. No nos engañemos, el peso al final suele ser un elemento clave en la elección del libro de viaje, a pesar de esas maletas con ruedas que nos han facilitado mucho el transporte vacacional.

Por ello y siguiendo las recomendaciones veraniegas de Tipos Infames (cuyas lecturas deberían ir siempre acompañadas de una caña o tinto de verano), os invito a que leáis 'Kafka y la muñeca viajera' (Siruela, 2006) una historia breve pero cargada de una gran dosis de magia.

Que Franz Kafka es uno de los mayores escritores del pasado siglo es sabido por la mayoría de lectores aficionados. Que su obra nos ha llegado por casualidad, o infidelidad, al no ser destruida por su amigo Max Brod, como Kafka le pidió, es menos conocido. Pero que Kafka escribió un año antes de su muerte una serie de cartas a una niña anónima es ignorado por la mayoría de lectores (salvo los asiduos a Paul Auster, que esbozó la historia en 'Brooklyn Follies').

Fue en Berlín cuando, paseando por el parque Seglitz, el autor de 'La Metamorfosis' encontró a una niña que había extraviado su muñeca. Ante la desesperación de la pequeña y para intentar calmar sus nervios, se invento una fascinante fábula. De repente convenció a la pequeña de que su muñeca no se había perdido, se había marchado de viaje y que tenía una carta que le entregaría al día siguiente.

Se convirtió así Kafka en el cartero de muñecas que durante tres semanas escribía frenéticamente las epístolas de la muñeca viajera narrando extraordinarias aventuras, para posteriormente leérselas a la pequeña en el parque. Durante este periodo, Franz Kafka paralizó todos sus proyectos literarios y trabajó en las cartas con el mismo ardor que cualquiera de sus otras obras, tal y como cuenta Dora Dymant o Dimant, su compañera en aquellos años.

Este encuentro fortuito ha servido a Jordi Sierra i Fabra para escribir 'Kafka y la muñeca viajera', un relato nacido de la experiencia personal de Kafka para aliviar a una niña, a día de hoy todavía anónima. El autor catalán nos hace cómplices de esa historia y de las cartas que la conforman y que al igual que su destinataria son una verdadera incógnita. Os selecciono un fragmento del que fue Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2007, para animaros a su lectura.

"- ¿Y qué ocurre cuando las niñas y las muñecas crecen?
- "Se olvidan de que un día fueron niñas y muñeacas", pensó. Pero no se lo dijo."
- Lo hermoso de crecer es que cada día suceden cosas nuevas, y la vida es un regalo —agitó las hojas de papel—. Te lo dice Brígida.
- Nunca hubiese imaginado que Brígida se hiciera mayor — repuso llena de solemnidad.
- ¿Y tú?
- Mamá me dice que ya lo soy — levantó la barbilla con orgullo.
- Entonces has de apreciar el auténtico corazón de lo que cuenta tu muñeca.
Elsi volvió a recostarse en su lado. Le agarró el brazo con sus dos manos y apoyó la cabeza en él. Miró la hoja llena de cuidadas palabras y letras entrelazadas con mimo, invitándolo a continuar.
- "Algún día cuando deje de escribirte — continuó Franz Kafka—, las dos sabremos que la una sin la otra no habríamos llegado nunca tan lejos. Viviremos cada cual en la memoria de la otra, y eso es la eternidad, Elsi, porque el tiempo no existe más allá del amor. Sé que lloraste cuando me fui. Pero yo quiero que rías y cantes y pienses siempre que el futuro no es un problema por resolver, sino un misterio por descubrir. Hay lugares en el mundo que cambian a las personas, y África es uno de ellos. Espero que las personas nunca puedan llegar a cambiar estos lugares. Desde el fondo de mi corazón, esta noche estrellada, pienso mucho en ti y envidio lo que te espera…
Por el rabillo del ojo vio como Elsi sonreía.
-"¡Bien!", gritó su alma.
Quedaban apenas unas líneas, así que continuó la lectura antes de que las primeras gotas de lluvia emborronaran la estupenda carta enviada por Brígida desde Tanzania."

(Jordi Sierra i Fabra, Kafka y la muñeca viajera, ed. Siruela)

Publicado en soitu.es (2-08-2008)

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