La madre muerta

21 de noviembre de 2009
carne o pescado... pero todos diegéticos


Tal vez tengan razón quienes argumentan que la vida es un continuo duelo. El caso es que el del francés Roland Barthes se inició al morir su madre, el 25 de octubre de 1977 y quedó consignado en una obra a través de la cual el semiólogo pretendía explicarse a si mismo la sensación de pérdida que le embargó durante todo un año.

Ahora Paidós publica estas cuartillas con el título de "Diario de duelo". A medida que avanzo en su lectura siento la misma sensación de culpabilidad que nos embarga cuando nos entrometemos en la intimidad de los demás, pero que siempre acabo por vencer en virtud de mi curiosidad por lo ajeno. Así que mientras espero que pasen las horas tomo uno de los ejemplares y busco la entrada correspondiente al día de hoy mientras descuelgo el teléfono y llamo a la planta de arriba. Aquí está: 21 de noviembre de 1977.


-¿Diga?

-Angustia, desherencia, apatía: sola, a bocanadas, la imagen de la escritura como "cosa de ganas", refugio, salvación, proyecto, breve amor, alegría. Supongo que la devota sincera tiene los mismos sentimientos hacia su Dios.

-¡Joder! (disculpe señora, ahora le atiendo...) ¿Has vuelto a darle al pacharán? Nos vas a meter en un marrón... deja la mierda esa en su sitio y ya hablaremos...¡jodido capullo!.


Repaso un par de entradas escritas ese mismo día antes de devolver el ejemplar a su rincón, donde difícilmente alguien podrá encontrarlo. Y mientras ordeno la planta una vez más sonrío al entresacar de una estantería cuaquiera "El Gran libro de los insultos", la obra del insigne polígrafo murciano Pancracio Celdrán. Son las 20:33. Descuelgo el teléfono...

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2 comentarios

  • Hola qué tal? estuve viendo algunas cosas en tu blog. Trabajo con posicionamiendo web y tengo una propuesta de publicidad : 50 euros cada mes por incertar pequeños links de nuestros anunciantes. Son 50 euros mensuales para cada blog que se registre con nosotros.
    Saludos -comunicate-

  • Anónimo says:

    Me gusta Pancracio Celdrán y su ilustre inventario de insultos. No me gusta la publicidad.