El porvenir de la literatura depende de una coma: Jean Echenoz habla de Jérôme Lindon

3 de marzo de 2010
El libro en cuestión

Si digo que este es un libro sin muchas pretensiones seré malinterpretado desde el principio. No se trata de que el libro carezca de objetivos. Al contrario. Este libro nace con un único objetivo. Una pretensión única y nítida. (Y lograda.)

El novelista Jean Echenoz escribe el retrato de su editor Jérôme Lindon y describe las relaciones entre ambos desde que publicara su primera novela en Les Éditions de Minuit. Su motivación y las condiciones que le llevaron a escribirlo no pueden ser más claras: "Escribí este pequeño libro la misma noche en que supe que mi editor había fallecido. Es una puesta en escena de los recuerdos que no deseaba que se borraran de mi memoria."

Advertencia: teman a los relatos engolados y excesivamente elogiosos de quienes fueron nuestros amigos y ya no están entre nosotros. Éste no lo es.

Jean Echenoz... o eso dicen

A finales de los 70 el ciudadano Echenoz dejó inocentemente y sin muchas esperanzas su manuscrito en la oficina de Éditions de Minuit. Acto nada reprochable. Quién, armado de tanta emoción y orgulloso ante lo que podría ser su primera novela, no lo intentaría. Y quién en su sano juicio no actuaría así, cruzando los dedos cuando la confianza en uno mismo no es suficiente: Jérôme Lindon era el editor de galácticos como Samuel Beckett, Marguerite Duras o Alain Robbe-Grillet.
Y un sólo día después de tal atrevimiento el futuro novelista conoció a un hombre con una capacidad enorme para emocionarse. Que leyó con entusiasmo su manuscrito y le ofreció un contrato para su primera novela. (Pero quién no recibiría tan gustoso en su editorial un libro como 'Meridiano de Greenwich')

Jérôme Lindon fue desde entonces su editor. De momento es un tipo delgado y alto que camina a una velocidad endiablada por las calles de París, y que despliega una "gran sonrisa calurosa" cuando tu libro funciona y le gusta. Un editor que se convirtió en motor de la creación literaria del momento, y que tuvo entre sus muchas luchas de sobra justificadas la defensa cerrada del precio único del libro (ante hidras de siete cabezas como el FNAC).

Pero no puede ser así siempre. Existen los primeros titubeos del novelista incipiente, los manuscritos fallidos que deben enfrentarse a la mesa de operaciones, y los textos menores del novelista consagrado. También discusiones por detalles aparentemente pequeños, silencios incómodos o desplantes sin explicación.

Entonces el novelista Echenoz conocerá también la "sonrisa terrible" que suele dibujarse en el rostro de Lindon. Que siente unos celos irrefrenables por sus autores, a los que no quiere 'en cama ajena' ni aún en el caso de haber rechazado por malo el manuscrito que podría llevarse a otras editoriales. No. Que conoce cuáles quiere que sean sus funciones como editor: no esperes necesariamente amparo durante un bloqueo creativo, no supongas auxilio ante una novela que no consigue funcionar. No, nunca.

Otro campo aparte merecen las manías de Lindon. Y los rincones de un París mucho menos transitado que ambos, en sus respectivos paseos, se descubren.
Nuestra recomendación es que lo lean en el tiempo que se toman un café (o dos) y que descubran al modelo y al dibujante, al editor Lindon y al novelista Echenoz.

El equipo (de izquierda a derecha): Alain Robbe-Grillet, Claude Simon, Claude Mauriac, Jérôme Lindon (el entrenador, él decide quién juega y quién calentará el banquillo), Robert Pinget, Samuel Beckett (el capitán, la estrella, quien vende más camisetas con su nombre y número a la espalda), Nathalie Serraute y Claude Ollier.

Las discusiones sobre asuntos más o menos vanales, pero siempre literarios, ocupan una parte importante del libro. Desde decidir el título definitivo de una novela, hasta la proposición de leyes que defiendan el libro.
Yo destacaría sus acaloradas conversaciones sobre la conveniencia o no de una coma. El ritmo de la puntuación demostrativa o prescindir de las comas, esa es la cuestión, porque entre ellos parecen hablar de ello como si el futuro de la literatura dependiera de sus argumentos en favor de una u otra. Pues casi.

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5 comentarios

  • Estpenda recomendación, queridos!
    La leeré con fruición. Los editotes, ay. Te susurran cálidas y luminosas promesas durante los días de vino y rosas, y te eluden cuando ya sólo eres un pétalo caído, una hoja seca zarandeada por la brisa fría otoñal...

    (a que mola cuando me pongo melancólico, eh?)

    Abrazos!

  • mr. durazno says:

    oye, me gusta,me gusta. me apunto el título para preguntar por él. y me quedo con vuestra dirección para seguir haciendo visitas porvuestro blog.

  • Miriñaque! says:

    Memorable equipo de fútbol. Estos no quedarían eliminados en octavos.

  • Anónimo says:

    Se lo están currando los de Trama. Gracias por la recomendación!

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