No soy escritor... ni falta que hace (2): Philippe Petit

3 de octubre de 2009
La meta: Alcanzar las nubes

Hoy traemos con el máximo cuidado el segundo libro de la serie "No soy escritor…ni falta que hace", iniciada hace dos semanas con la autobiografía de Miles Davis . Se trata de un libro frágil, en permanente equilibrio, y de una belleza vertiginosa. En ‘Alcanzar las nubes’ ( Alpha Decay ) el funámbulo francés Philippe Petit rememora su gran hazaña poética: tender un alambre "con nocturnidad y alevosía" entre las azoteas de las torres gemelas para asombrar a la ciudad de Nueva York una mañana de 1974. Diciendo palabras nuevas y maravillosas sin apenas abrir la boca.

Tan importante es poder mantener el equilibrio como saberse en peligro, conocer la sensación de vértigo. No podrían concebirse el uno sin el otro, porque nada importa sin su opuesto. Y Philippe Petit parece conocer ese secreto de ingravidez que no pertenece a los hombres, porque él siempre se supo especial, distinto, superior incluso, y su manera más habitual para remarcar la diferencia de su genio y distanciarse del resto fue desde niño subirse a los árboles.

Petit nos descubre su secreto de ingravidez

Este conocido funámbulo francés ha vuelto a todos locos desde muy joven, les ha dejado atrás, muy abajo, encaramándose sin atadura alguna siempre a lo más alto, con aspecto de un imberbe Rimbaud burlándose no sólo de los blandos poemas de sus compañeros de cenáculo, sino de la incapacidad de tantos para mirar más allá de la punta de sus zapatos, con los que parece no saben más que tropezar. Philippe Petit puede parecer arrogante, perfeccionista…pero es grande en sus ambiciones y en su capacidad para proporcionarse los medios necesarios para lograr sus sueños: alcanzar las nubes.

En tan maravilloso libro, ‘Alcanzar las nubes’, publicado hace apenas dos años por la editorial Alpha Decay, Philippe Petit cuenta como si de una novela se tratase la realización paso a paso de su obra más arriesgada y hermosa. La preparación de un meticuloso plan, como quien mide los acentos de un verso endecasílabo, que le condujo a encontrarse una mañana de 1974 sobre un alambre tendido y tensado entre las azoteas de las Torres Gemelas. Aquel diminuto punto que parecía sobrevolar el vacío y que podía verse, casi intuirse, desde más abajo de 400 metros, gracias a su vestimenta negra y al balancín, era el señor Petit en el más grande escenario de su vida. Ese día la ciudad de Nueva York se detuvo para contemplar asombrada lo alto que pueden volar los sueños de algunos hombres.

Una mancha en el cielo: los sueños de un hombre

Según avanzaba en la lectura de ‘Alcanzar las nubes’ me preguntaba si son tan diferentes el proceso para la realización de una actuación aérea ilegal por parte de un acróbata y el de escribir un poema, porque Philippe Petit parece trabajar creativamente como un poeta: parte de una imagen, una primera visión que se convierte en una idea fija en torno a la cual dar las vueltas necesarias hasta encontrar la expresión adecuada. De hecho, su libro no es una reunión de recuerdos, sino el empeño en volver a revivir en calma y tiempo después la sensación de aquel acontecimiento. Lo suyo es una aventura romántica, como si Lord Byron cruzara de nuevo a nado el Helesponto; una especie de Jack Kerouac abstemio cruzando el país de costa a costa pero con las ideas mucho más claras y los sueños intactos.

Pero hace falta ser poeta maldito e ingeniero a partes iguales, porque de ambos conocimientos depende su vida y la consecución del plan. La técnica y la pasión, el equilibrio y el vértigo, consiguieron superar los problemas de un plan que no podía calcularse al detalle. No fue simplemente una locura, sino una extraordinaria locura. Un gesto genial, un desafío a la naturaleza humana, al espacio donde habitan los dioses y los albatros, sin consideración alguna al poder establecido (todas las actuaciones aéreas de Petit, en Notre Dame de París, en el puente de Sydney…se realizaron siempre de forma ilegal). El libro da buena cuenta de esta inolvidable aventura poética en equilibrio, más valiosa cuanto mayores son las dificultades. "Es imposible, sí, de modo que pongámonos manos a la obra", dice Philippe Petit, porque el poeta sabe que no sobreviviría sin enfrentarse a los dos gigantes que le obsesionan.

Equilibrio: belleza y locura a partes iguales

Aquella mañana Philippe Petit abrió un agujero en el cielo con su silueta, dejó por un momento de pertenecer al mundo material e hizo caso omiso de la ley de gravedad y de la policía: ideo y perpetró una agresión contra el aburrimiento y la indiferencia, una auténtica obra de arte efímera que habría desaparecido del todo si no fuera por la narración de los momentos de intensidad y belleza extrema que revivió al escribir este libro.

"Inundado de asombro, con un miedo repentino y extremo, sí, con gran júbilo y orgullo, me sostengo en equilibrio sobre el gran cable. Con soltura. Un sabor todavía no reconocible atenaza mi lengua: el vehemente deseo de volar".

¿Hace cuánto tiempo un libro no incita tanto tu imaginación?

Publicado en soitu.es (25-9-09)


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Cremas hidratantes anti-edad y conejos de peluche by Nick Cave

12 de septiembre de 2009
De nuevo en mi vida: la parafilia

Se publica, aquí gracias a Global Rhythm, la segunda novela de Nick Cave, 'La muerte de Bunny Munro'. Y yo que andaba preguntando a todo el mundo si sabía de alguien ajeno al mundo de la "alta literatura" que se hubiera atrevido a empantanarse con la escritura de una novela o algo parecido, olvidé por completo al Sr. Nick Cave. Lo apunto, pero sigo buscando. Así que se admiten más nombres (no valen Philippe Petit ni Miranda July porque ya los tengo: los próximos artículos de la serie "No soy escritor... ni falta que hace" serán sobre sus libros) (tampoco vale Isabel Coixet, porque lo que acaba de publicar Tusquets, una especie de adaptación novelada de su propio guión de 'Mapa de los sonidos de Tokio', no me gusta nada) (ah! ni Sergio Algora, que ya hablamos de sus libros de cuentos y poemarios).

Lo poco que conocemos por el momento es el extraño aspecto de la portada ... (trago saliva) ... decididamente fea... y las continuas vueltas en los parlamentos de Bunny sobre las cremas de manos hidratantes, un tema reiterado en el fragmento del capítulo 16 del libro, que puede escucharse leído por un histriónico Cave en la página web del Babelia de hoy.

Años de desarrollo en el campo de las cremas anti-edad y muñecos de peluche en la nueva novela de Nick Cave. La leeremos. Y les contaremos sus efectos secundarios.


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No soy escritor... ni falta que hace (1): Miles Davis

10 de septiembre de 2009
El genio: Miles Davis a la trompeta

Algunos han hecho del incomprensible y poco fiable oficio de escritor una pesadilla para los lectores. Cada cierto tiempo vuelven a ponernos los pelos de punta lanzando sin piedad al mercado otra de sus novedades insípidas con portadas en colores chillones. Una regularidad que suele afectar negativamente hasta a los escritores interesantes: ya sea para comer, comprarse un segundo chalet o simplemente por contrato, con cierta periodicidad uno debe firmar una novela con su nombre. Pero quien quiera ser escritor que no se asuste por lo que aquí decimos, porque en muchos casos no es del todo necesario terminar de escribir esas novelas, ya que hay gente a la que se le paga por ello (siempre que nos asegure que permanecerá en la sombra).

Por eso hoy hemos pensado iniciar una pequeña serie sobre libros escritos por gente ajena a tan afamado oficio. Músicos, artistas plásticos o conceptuales... y hasta equilibristas pasarán por aquí. El género al que pertenezcan nos es del todo indiferente, la única condición que les imponemos a estos textos es que logren apasionarnos.

Podría parecer que la vida de un músico tan extraordinario como Miles Davis ha despertado de por sí un interés mayúsculo entre los Infames. Y en parte es cierto, pero todo ese deseo de información quedó saciado cuando en su momento leímos (y esta es otra recomendación) la excelente biografía que Ian Carr le dedicó al músico, 'Miles Davis. La biografía definitiva' (Global Rhythm, 2005). En cambio, las razones que nos han movido a incluir en esta serie la autobiografía que Miles le 'dictó' a Quincy Troupe son más cercanas a las que nos hacen hablar de unas novelas y no de otras: ¡el libro es estupendo!

Tanta bibliografía ha generado la fascinación por la música de este genio (también puede disfrutarse en castellano de 'Miles Davis y Kind of Blue. La creación de una obra maestra'), que Miles debió pensar en que él podría hacer de su vida un libro como muchos otros han hecho, mientras que nadie tocaría la trompeta como él. Así surgió 'Miles. La autobiografía' (Alba, 2009). Se trataba de dejar reposar la trompeta sobre la mesa, enredarse en conversaciones con Quincy Troupe, poeta (autor de un conocido poema para Magic Johnson ), narrador y ensayista, para contarle toda su vida y que éste lograra darle unidad, consiguiera 'imitar' la voz narrativa de Miles y luego la pusiera por escrito: su vida tal y como la recordaba o quería que fuera vista por los demás. Por eso pasa rápidamente por algunos pasajes, casi de puntillas, insiste, y repite otros con intención de aclarar lo que según él no son más que malentendidos cometidos por sus biógrafos, rumores y mentiras que por repetirse algunos han terminado por creerse.

Un momento inolvidable: la grabación de 'Kind of Blue'

Es tan fácil dejarse llevar desde que suenan los primeros compases de 'So what', con el que se abría su conocidísimo disco 'Kind of Blue', como por el inicio apasionado de esta biografía: "Mira, la sensación más fuerte que he experimentado en mi vida (con la ropa puesta) fue cuando oí por primera vez a Diz y a Bird juntos en St. Louis, Missouri, allá por 1944. Yo tenía dieciocho años y [...]"

Parte del acierto que convierte este libro en algo más que una acumulación de datos que el biografiado quiere contarnos, es precisamente el logro —mérito atribuible a Quincy Troupe— de trasponer la forma de hablar de Miles por escrito. No el susurro casi afónico con el que parecía hablar , sino el tono directo, apabullante y lleno de jerga para contarnos su propia concepción de la música. Monk tocaba una "mierda increíble", Bird tocaba como un auténtico hijoputa, o Dizzy tocaba hasta perder el culo... y lindezas del estilo: Coltrane , "un hijoputa sensacional" que en su momento fue la voz que Miles Davis necesitaba oír del saxo tenor para lanzar la suya propia.

Miles consigue transmitir una verosimilitud cercana a la confesión pegada a la barra de bar: sabemos que quien nos habla seguramente nos miente, parece ocultar datos y tergiversa con naturalidad los comentarios de los demás... pero qué más da si consigue tenernos embobados durante muchísimo tiempo. Ejerce la misma atracción y despierta la misma sospecha que los mejores personajes-narradores de algunas novelas.

El hecho de conocer algo de su vida y discografía (no hay que ser un experto en música para engancharse con 'Miles. La autobiografía') aumenta nuestras ganas de seguir leyendo. Así, después de asistir al final del capítulo a la formación del gran quinteto de Miles Davis, junto a John Coltrane, Red Garland, Paul Chambers y Philly Joe Jones, seguimos leyendo ansiosamente porque sabemos que quedan pocos años para que en 1959 grabe ‘Kind of blue’ con su sexteto... y así hasta cambiar el rumbo de la música del siglo XX en alguna ocasión más.

Miles cambió varias veces el rumbo de la música moderna.

Otra vuelta de tuerca: “Los pajaritos” bailados a su ritmo.

Miles pasándolo bien por Harlem, deambulando por los clubes de la calle 52... Recuerda sus terribles años enganchado a las drogas, y todo lo que podía hacer para proveerse de material: robar a los amigos, seleccionar sus contratos para tocar según la cercanía a los lugares donde pudiera conseguir heroína, sacarle dinero a las putas para mantener su adicción; las consecuencias del 'Birth of the cool', que pareció surgir como alternativa al bebop y el ascenso posterior de músicos blancos como Chet Baker o Stan Getz; las posibilidades creativas que supusieron liberarse del cepo de los tres minutos que imponían los discos de 78 rpm o los continuos cambios de formaciones musicales. Todo sobre este maravilloso genio (y contado por él mismo), que siempre hizo con su vida y trompeta lo que estimó oportuno para alcanzar con su propio estilo nuevos límites en la música.

"Uno ha de tener estilo en cualquier cosa que haga: literatura, música, pintura, modas, boxeo, todo. Algunos estilos son ingeniosos, creativos, imaginativos e innovadores y otros no lo son."

Publicado en soitu.es (7-9-09)


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