Tupí or not tupí, that´s the question¿Cómo que no la han visto? Pues no sabemos a que esperan para acercarse a ver la exposición de la pintora brasileña Tarsila do Amaral (1886-1973) que en breve abandonará la Muy Noble Villa para recalar en A Coruña. Tarsila es un recorrido por los años veinte a caballo entre París y Sâo Paolo, desde la pintura Pau Brasil a la propuesta antropófaga: deglutir la modernidad, las vanguardias, sin renunciar en la digestión a las raíces brasileñas ¿pero es esto posible?. Acostumbrado a los relatos hagiográficos en el mundo del arte y la cíclica exhibición de sus reliquias, interrumpo nuestro imaginario viaje por Brasilia para plantear mis dudas acerca de como los iconos del modernismo brasileño fueron modelados en París por un pequeño grupo elitista que cumple en Europa su “servicio militar” (la expresión es de Tarsila) y si no habría algo de falsificación en todo esto... sospechas que también comparten la tripulación de Vacaciones en Polonia, quienes dedican su último número a las “literaturas antropófagas”.
Para los polacos vacacionales el acto fundacional del movimiento modernista brasileño y de las teorías antropofágicas no estaría, tal y como repiten machaconamente los taxidermistas en sus biblias en la celebración de la Semana de Arte Moderna en 1922 o en alguna publicación para pijos cariocas, sino en el acto radical del genio homicida Juliano Paixaroli. Este camarero del Gran Teatro Nacional y negro demiurgo, asesina, deglute y defeca a la bailarina rusa Kristina Selligman-Vodganovskaia que aquella noche, parece lógico, no pudo actuar para su selecto público, entre quien se encontraban -¿lo adivinan?- Tarsila y Andrade. ¡Tachán!. Ahora sólo faltaba coger algunas cositas del Manifeste Cannibale de Picabia por aquí, un par de cucharaditas de Léger y una pizquita (sin abusar, que luego repite) de teoría freudiana... y ya tenemos un movimento novo.
Vale. Ya están los polacos y los infames con sus cosas y su vamos a epatéleburguá... pues no, que algo así ya lo decía Lévi-Strauss, para que vean. En Tristes Trópicos señalaba como la cultura en Brasil se había convertido en un mero juguete en manos de los ricos: Embotados por todos los festines intelectuales del pasado, que por otra parte sólo conocían de oídas, ya que no leían las obras originales, conservaban un entusiasmo siempre disponible para los platos nuevos. En este caso habría que hablar más de moda que de cocina: ni ideas ni doctrinas presentaban a sus ojos un interés intrínseco, sino que las consideraban como instrumentos de prestigio cuya primicia había que asegurarse.

"Recusación de los veganos" M.Anglès (1766)
La diferencia entre original y mistificación podría estar en dos poemarios ilustrados por la brasileña, reeditados especialmente para la ocasión (dos regalos que me hicieron. Pero hay cosas que no se pueden decir y que prefiero guardarme solo para mi): Pau Brasil de quien fuera pareja de Tarsila, el poeta Oswald de Andrade y Hojas de ruta de nuestro muy admirado Blaise Cendrars. Entre uno y otro, un tajo. El que separa la impostura de la verdadera intensidad. De entre las cartas-océano que nos envió el suizo desde la cubierta del Formose elegimos ésta que llegó hasta nosotros sin remite, pero con un intenso olor a cafetal y salitre:
ORION
es mi estrella
tiene la forma de una mano
mi mano que ha subido al cielo (*)
durante toda la guerra veía por una tronera orión
cuando los zeppelines venían a bombardear París lo hacían siempre desde orión
hoy está encima de mi cabeza
el gran mástil atraviesa la palma de esta mano que debo sufrir
como mi mano cortada me hace sufrir atravesada como está por un dardo continuo.
Y la mano cortada dijo: -Buenos días, soy yo
(*) el bueno de Cendrars era manco
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