Gómez Arcos y las guerras perdidas

6 de mayo de 2009
Agustín Gómez Arcos, escritor carnívoro

Hace apenas unos días, en su discurso de aceptación del premio Cervantes, Juan Marsé recordaba un tiempo no demasiado lejano en el que las palabras vivían bajo sospecha y muchas cosas parecían no existir por el mero hecho de que nadie se atrevía a nombrarlas. Esto es algo que comprobaría dolorosamente el escritor Agustín Gómez Arcos (Enix,1933-París,1998), quien vio cómo sus palabras eran sistemáticamente sometidas a la censura y al escarmiento.

Cuando el entonces estudiante de Derecho decidió abrazar definitivamente la literatura, se dio cuenta de que le era imposible estrenar sus obras dentro de la gris España de aquellos años. Es entonces cuando decidió exiliarse, primero en Londres, y desde 1968 en París, donde logrará el (merecido) reconocimiento que se le negaba en su país. Pero su exilio fue de raíz, esto es, radical, pues decidió también mudar de lengua, razón por la cual muy pocos son los que han sabido de la existencia de esta suerte de escritor secreto.

Y aquí aparece la editorial Cabaret Voltaire, empeñada en recuperar la obra de Gómez Arcos... Si primero consiguieron asombrarnos con la hipnótica historia de 'El Niño pan', lo lograrían de nuevo con la magnífica 'El cordero carnívoro': una historia de incesto homosexual con el paisaje de fondo de la guerra y sus cicatrices, físicas y morales. Ahora le llega el turno a 'Ana no', la novela con la que el autor consiguió consagrarse como escritor francófono y que (ya ven, cosas y misterios de la edición) todavía se encontraba inédita entre nosotros. Una nueva muesca en la culata de esta editorial catalana. Y van ya...



No es país para viejos


En este caso, y como siempre, Gómez Arcos logra tomarnos por sorpresa con esta historia de amor y muerte, la historia de Ana Paucha, una mujer perteneciente a la estirpe de los vencidos, de aquellos que lo perdieron todo con la guerra. Una anciana de 75 años a quien la contienda arrebató a su marido y a sus hijos mayores, enterrados en alguna fosa sin nombre en el frente de Aragón. El pequeño, condenado a cadena perpetua, lleva encerrado desde entonces en el pudridero de alguna cárcel franquista en el norte de España. Y con ellos Ana, marcada por los vencedores (Gómez Arcos, nacido en el seno de una familia republicana, sabía lo que suponía venir al mundo con una mancha indeleble), había sido también condenada a acabar sola, corroída sobre las arenas de la playa al igual que la barca con la que sus hijos faenaban la mar.

Así, Ana Paucha, Ana no, abandona su pueblo de pescadores, su casa de habitaciones y camas vacías y parte para despedirse de su hijo y con él de la vida, dejando atrás una existencia no vivida. Un pan de aceite con almendras, anís y mucho azúcar, amasado especialmente para 'el pequeño' (un bizcocho piensa, pero que termina por convertirse en negro féretro) que junto a sus recuerdos conforman su único equipaje para este emocionante viaje. Un viaje en el que acompañamos a esta pequeña y negra sombra desdibujada siguiendo la vía del tren, rumbo a un Norte que simboliza para ella el último encuentro con su hijo preso y el definitivo abrazo con una muerte que tras arrebatarle a los suyos, y con ellos sus ilusiones, le espera al final del camino. Con esta mujer a la que no se le permitió tener una identidad (Ana no: negación absoluta) el escritor consigue un personaje absolutamente original, pero que también es todas y cada una de aquellas mujeres que fueron mordidas por la desgracia y sufrieron el expolio de la memoria. Ana Paucha es la Benina de la 'Misericordia' de Galdós, son las mujeres de las novelas de Marsé... mujeres a las que Gómez Arcos consigue atrapar con una palabra humilde y ceñida a la vida en esta maravillosa obra.


Un país de horca y cuchillo
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Puede parecer una historia dura (huella viva de nuestro pasado reciente), pero hay una dignidad asombrosa en esa figura hecha de ausencias que camina contra el viento con los pies envueltos en viejos trapos para gritar en un último acto que todavía existe. Un camino a través de la España de aquellos años de plomo en compañía de otros derrotados por la vida y que termina por ser de conocimiento propio hasta el ineludible final. Y si al llegar a él no se les anuda la garganta deberían preguntarse en qué momento dejaron de estar vivos.
Publicado en soitu.es (05.05.2009)

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