Boris Vian: el arte de hacer el amor mientras se escucha a Duke Ellington

5 de mayo de 2009
Lo que faltaba: ¿Boris Vian también era peluquero?

Empecemos por el tópico y terminemos enredándolo todo al final. Boris Vian vivió tan intensamente sus apenas 39 años de vida que pudo permitirse hacer de todo. Boris Vian fue tantas cosas que pareció disfrutar de varias vidas, entre ellas la de Vernon Sullivan, el autor norteamericano de novela negra que él fingía traducir.

Si echamos un vistazo al índice de la biografía que sobre él escribió Noël Arnaud, 'Las vidas paralelas de Boris Vian' (Versal, 1990), descubriríamos algunas facetas insospechadas de este polifacético autor: un 'hombre-orquesta' que parece poder tocar todos los instrumentos, algunos de ellos a la vez. Boris Vian fue novelista, pero también escribió poesía, obras de teatro, crónicas para la revista 'Les temps modernes', tradujo y dio conferencias, era ingeniero (con algunos inventos de su autoría), tuvo sus más y sus menos con el mundo del cine (entre otras cosas, figurante, guionista… y una muerte mítica en la sala de cine), fue patafísico y músico, muy buen compositor de canciones y hasta de un ballet, trompetista y un largo etcétera del que es difícil otear el final. La simple enumeración de sus oficios, diversiones e intereses podría ser suficiente para completar el resto del artículo, pero hoy le sumaremos otra más a las ya de por sí múltiples vidas de Boris Vian: la de erotómano.

Boris Vian: un guarro genial

'Escritos pornográficos' (Rey Lear, 2008) nos demuestra que Boris Vian era tan buen conocedor de la literatura erótica como lascivo practicante de sus húmedos principios: el libro contiene una conferencia sobre el tema, 'Utilidad de una literatura erótica', y una serie de poemas que desbordan imaginación y lascivia: un amante escribe con esperma el nombre de su amada por todos los rincones; un poema dedicado a la resistencia de la piel del glande y a la enorme variedad de vaginas que pueden encontrarse en el 'mercado de la carne'; una joven nos cuenta su encuentro sexual con un hermoso y verde pepino que le rogó no lo pelara, cortara y sazonara, sino que diera de él otro mejor uso...y así, hasta que con ganas de más, terminamos de leer el libro.

"Macho, hembra, asno o calabaza.
Esta noche daré por culo a todo."

Algunos dirán que el señor Boris Vian es un guarro empedernido, e inevitablemente nuestras madres pensarán que los obsesos somos nosotros, pero quien conozca parte de la extensa obra del francés encontrará un mismo espíritu en estos escritos: la imperante necesidad de aprovechar y disfrutar cada instante, de agotar la vida antes de que esta acabe con nosotros. Porque Vian justifica estos temas literarios, la sexualidad y sus manifestaciones, en cuanto que la buena literatura erótica es para él la forma actual del movimiento revolucionario. Escribir poemas eróticos no es un mero entretenimiento, sino la manifestación de una necesidad por trascender ciertos límites, impuestos en forma de moral o leyes y que son perjudiciales para el desarrollo normal del hombre.

"Leer libros eróticos, darlos a conocer y escribirlos es preparar el mundo del mañana y abrir la senda de la verdadera revolución"

Pero la mala literatura erótica o el pseudoerotismo es tan perjudicial para estos fines como la prohibición de la misma. Las obras del marqués de Sade, por ejemplo, no sólo no le parecen eróticas, carentes de esa obscenidad ligeramente sublimada que exige el erotismo, sino que es mala literatura, y su prohibición legal podría justificarse por razones literarias y no morales. Sí, en cambio, algunos libros de Apollinaire, Paul Verlaine, Colette, Pierre Louys, y —agárrense los machos—: ¡Ernest Hemingway!

Su poema 'No quisiera morir' , que consiste en una larga enumeración con todo lo que debería hacer antes de despedirse para el otro barrio, o afirmaciones como la siguiente, extraída del preámbulo a su novela 'La espuma de los días', ejemplifican lo dicho y nos obligan a darle la razón:

"Sólo dos cosas son importantes: el amor, en todas sus formas, con chicas
bonitas, y la música de Nueva Orleáns o de Duke Ellington. El resto debería
desaparecer, pues el resto es feo [...]"

La pasión de Boris Vian por la música jazz le habría hecho recibir la publicación de las memorias de uno de los más grandes músicos y compositores del siglo XX con nuestra misma alegría: nada tan bueno, estando vestido o desnudo, como la música de Edward Kennedy 'Duke' Ellington.

Boris Vian: amante de la buena música

'La música es mi amante' (Global Rhythm, 2009) está repleto de anécdotas y de los nombres de los jazzmen más importantes (y de muchos otros que nosotros desconocíamos hasta ahora). Estas memorias no sólo tienen el interés del personaje y de su vida, sino una virtud poco frecuente en los genios: el agradecimiento. Su peculiar 'ajuste de cuentas' es el de quien se reconoce en deuda con toda la gente que a lo largo de la vida le ha indicado el camino a seguir para poder obtener lo que buscaba. Su música se alimentó de los sonidos e ideas de la gente con la que tuvo la suerte de tropezarse. Aunque, por desgracia, el hecho de encontrarse en el momento y lugar oportunos con la gente adecuada es una idea que se repite demasiadas veces a lo largo de las memorias, y que junto a otras repeticiones lastran un poco la lectura.

A pesar de todo, los baremos para poder medir la importancia de unas memorias han de ser distintos a los de una novela, y las citadas repeticiones que serían imperdonables en una novela, aquí se olvidan rápidamente por lo apasionante de la vida que Duke Ellington se empeña en recuperar: el ambiente de los locales nocturnos de Harlem, su propia exploración de las posibilidades de la música, los intercambios con otros músicos y las juergas que se corrían juntos. Si quieren saber cómo llegaron al mundo algunos de sus maravillosos temas —'In a sentimental mood', 'Solitude', 'Mood Indigo', 'Black and Tan Fantasy'...— no dejen de leer estas memorias.

Bises: Global Rhythm publicará en los siguientes meses otras dos biografías, una de Charlie Parker y otra de John Coltrane. Y quizá, el día menos pensado, nos sorprendan con una sobre la faceta musical de Boris Vian.

Publicado en soitu.es (3-5-09)


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Joan Margarit: palabra de jazz

26 de abril de 2009
Joan Margarit: el poeta: último Premio Nacional de Poesía

Hemos llegado al final. Hoy terminaba la Semana de la Cultura Catalana que trajo a Madrid música, presentaciones de libros, lecturas de poemas, exposiciones, performances, paseos (imaginarios y gastonómicos) por La Costa Brava, cuentacuentos... Y digo que "hemos llegado al final" porque nuestros respectivos trabajos nos impidieron asistir a tales eventos del 20 al 26 de este mes de abril, pero hoy domingo -día de clausura y fin de fiestas- hemos tenido la inmensa suerte de poder asistir a "Palabra de jazz", un concierto-recital para dos poetas, Joan Margarit y Pere Rovira, junto a un trío de jazz, Perico Sambeat (saxo alto), Xavier Monge (piano) y Rai Ferrer (contrabajo).

“Igual que la poesía: un buen poema,
por más bello que sea, será cruel.
No hay nada más. La poesía es hoy
La última casa de misericordia.”

De Joan Margarit se cita con frecuencia su reciente Premio Nacional de Poesía 2008 por el poemario "Casa de Misericordia" (Visor, 2007; el extracto anterior pertenece al poema de mismo nombre), y siempre se comenta la peculiaridad (para algunos) de que el poeta sea catedrático de cálculo de estructuras, arquitecto de profesión y ejerza esa labor en las obras de la Sagrada Familia de Barcelona, como si los poetas tuvieran que vivir (y beber) tan sólo de sus versos. Lo que no suele encontrarse en los perfiles dedicados al poeta es la referencia a una de sus grandes aficiones: el jazz. Una música que inunda sus composiciones, por donde aparecen Miles Davis, John Coltrane, Billie Holiday, Art Tatum... (como en el poema 'Loverman' de su poemario "Los motivos del lobo", incluido en el libro "El primer frío. Poesía (1975-1995)")

“Desde el sótano llega hasta la nieve sucia
este dorado son de Loverman.
La noche es fría y triste
si no arde con la droga y la bebida.
El saxo acompañado por el bajo
posee la dureza de una música
Que muere al alba, cuando se retira
como una afectuosa prostituta.
Baidelaire escuchó la melodía
de Parker en su amante de piel sepia.
De la belleza forma parte el mal.
Por ello Parker deja en esta pieza
que el saxo continúe tras la sombra
de una mujer que baila con los ojos
cerrados y abrazándose a nadie en la tiniebla.”

Y esta noche el trío de jazz sonó como un fabuloso quinteto en el que las voces de Joan Margarit y Pere Rovira se fueron alternando con los "solos" del resto de instrumentos, logrando emocionar y divertir, haciéndonos agitar el pie que marca el ritmo o la cabeza como si sintiéramos algo de la verdad que la música y la poesía buscan por medios a veces no tan diferentes. Hay algo medible y rítmico en ambas, una parte cerebral que no sería nada sin la emoción, el sentimiento o la inspiración que hace imposible escuchar dos veces las mismas notas del saxofón o la modulación y energía de la lecturas de Margarit, de quien recuerdo el movimiento de sus manos mientras leía. Las puertas abiertas de la improvisación estoy seguro que lograron un recital distinto en cada sesión: ya que lo que en principio iba a ser un único recital a las 7 de la tarde en el madrileño Círculo de Bellas Artes, se convirtió -debido al éxito de público- en una sesión doble: a las que sólo les faltó el ruido de fondo de las viejas grabaciones de jazz en locales donde la gente bebe y fuma sin ese riguroso silencio que el protocolo de estos eventos parece haber impuesto. Porque opino como la "voz" que habla en este otro poema de Margarit, 'Ternura de fondo', que termina así :

“Quizá el alma inmortal sea ese instante
frágil, preciso, breve, cuando tintinean
los vasos en algún viejo disco de jazz.”

No siendo un poeta muy prolífico, es una suerte que en lo que llevamos de año hayan aparecido dos novedades de Joan Margarit: su más reciente poemario, "Misteriosamente feliz", en la Colección Palabra de Honor de Visor Poesía, del que también seleccionó algunos poemas para recitar anoche. (Un poema puede parecernos sencillo por la misma razón que nos parece lo más natural que una catedral se mantenga en pie -nos dice siempre un amigo-.)

Y un pequeño libro, casi un breviario, de importancia similar al que homenajea: en "Nuevas cartas a un joven poeta", uno de los dos primeros títulos de la reciente editorial Barril & Barral, junto a la correspondencia de Arthur Rimbaud, "Prometo ser bueno" . En él, Margarit recuerda su primera y sucesivas lecturas del libro de Rilke "Cartas a un joven poeta", y dialogando con él y con su propia educación sentimental y literaria, termina construyendo lo que podría intuirse como su poética personal: la necesidad de escribir, leer y entender un poema, qué es un buen poema, cuál es la relación de la poesía con el mundo (con la realidad)... En fin, un libro tan importante que deberá obviar el orden alfabético para colocarlo junto al de Rilke (el orden de las bibliotecas personales es un misterio tan sólo descifrable por su dueño), y sobre el que volveremos a escribir.

Joan Margarit: el arquitecto


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