Quizá en el fondo del vaso encontremos la verdad

5 de abril de 2009
Confesiones entre vasos de vino

(Esperando que el angustiado Kierkegaard no estuviera del todo equivocado) En nuestro camino por repudiar los vicios más terrenales para llegar a la felicidad, Tipos Infames seguimos explorando defectos propios para tratar de hallar en el fondo alguna virtud. Y para ello nada mejor que dedicarse -de momento- a explorar esos vicios, conocerlos bien para poder dar cuenta del pecado y tomar una decisión libre y responsable (caer tan bajo para poder atisbar perfectamente el mejor camino) en la vida.

Encuentro últimamente en nuestras entradas al blog más de una (y dos) referencias al vino. Y todo por el fin virtuoso de hacernos con la mejor selección propia de libros y vinos que ofreceros: leemos para poder recomendar ciertas lecturas y bebemos con la intención de daros a probar. Continuando el rastreo hemos encontrado este libro de Sören Kierkegaard, "In vino veritas". Buscando entre su obra no es difícil dejarse tentar por este libro, en particular si lo comparamos con el resto de sus títulos: "Temor y temblor", "El concepto de la angustia" o "La enfermedad o de la desesperación y el pecado".

" Y estos discursos, según el lema, deberían estar hechos y ser pronunciados in vino, de la misma manera que cualquier verdad proclamada en ellos no podría ser diferente de la que reside in vino, puesto que el vino es la defensa de la verdad, como ésta es la apología del vino. " (Sören Kierkegaard, In vino veritas, Alianza, 2009)

"Armazones" ideológicos para litros de "verdad" o barricas de vino

Este libro puede parecer una defensa enconada del vino, un intento de encontrar a través del él alguna verdad. "In vino veritas" se desarrolla a lo largo de una cena, en la que cada uno de los cinco comensales tendrá que pronunciar un discurso para poder dar por finalizado el banquete. Kierkegaard no especifica quien tendrá que fregar los cacharros, pero sí las dos condiciones impuestas por el anfitrión (hay organizadores de eventos con gustos raros): todos los discursos deben hablar del amor y de la relaciones entre personas de ambos sexos, y cada invitado no podrá empezar el suyo hasta se sienta inundado del todo por las propiedades "dionisíacas" del vino compartido durante la cena.

Quisimos probar una experiencia similar, y comprobamos que enseguida se nos soltó la lengua hacia los temas comunes de las borracheras entre amigos. Seguramente, dos desconocidos alrededor de una misma botella de vino terminen también hablando de lo mismo, con el consiguiente olvido de la medida y el orden propio de estos festines.

Faemino y Cansado: los auténticos expertos en el filósofo danés

Lo cierto es que las opiniones suscritas aquí sobre el texto de Kierkegaard son completamente interesadas, y omitimos algunos aspectos que si bien dejarían más clara la filosofía del danés, ocultarían las razones reales de nuestra curiosidad por este tratado que hemos disfrutado leyendo como una novela. Si alguien quiere profundizar más sobre su modo de concebir la vida, su preocupación por llegar a relacionarse con Dios a través de la experiencia de fe, recomedamos dirijan sus preguntas a Faemino y Cansado, los expertos patrios en la obra de Kierkegaard.

De hecho, hasta los libros de Kierkegaard que creemos más alejados de sus intereses y obsesiones, como éste pudiera parecer por su temática, son en realidad argucias que pretenden atraer al lector (por un título sugerente y la promesa de poner tapa con toda consumición) y conseguir llevarle al punto deseado. En "In vino veritas" se critica precisamente el modo de vida de los cinco bebedores, pero que nadie se preocupe, Tipos Infames seguimos anclados (y quién sabe por cuánto tiempo) en el primero de los "estadios" de los que habla el filósofo: el estético, donde prima el goce sensual y uno se dedica a experimentar con algunos de los mayores placeres de esta vida (de ellos seguiremos hablando).

P.D. La última de las demostraciones: es más fácil hablar del amor después de beberse una botella de vino, que escribir un artículo sobre el mismo tema en idénticas condiciones. El texto de hoy termina exactamente aquí. Salud !


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¡Emborrachaos! (lo dice Baudelaire...)

4 de abril de 2009
Buscando la petaca


Pocas cosas tan gratificantes como apurar un libro gota a gota mientras nos perdemos en el carmesí de un buen vino. Notar cómo la lectura se va iluminando a medida que nuestro paladar se ensancha es uno de los pocos placeres que nos van quedando y que podemos permitirnos. Por ello no es raro que muchas páginas de la mejor literatura guarden el sabor amargo del tanino (cuando no las manchas provocadas por un breve despiste). Vinos y libros, pasiones que compartir, pero también en las que es fácil perderse. De esto hablábamos los Infames a raíz de una pequeña gran sorpresa que nos acerca Melusina: 'Tratado del buen uso del vino', el cual es magno y perenne para entretener cuerpo y alma e inestimable contra los disparejos padecimientos de los miembros interiores y exteriores, de François Rabelais (1494-1553).

Un libro destinado a lectores y bebedores pantagruélicos por igual... no por su tamaño, ciertamente, sino por el disfrute que a buen seguro proporcionará a quienes decidan descorcharlo. Para el Maese Alcofribas (trasunto del propio Rabelais) el uso del vino es, junto al empleo del verbo esmerado y la plegaria ferviente, lo que distingue al hombre del resto de las criaturas terrestres. Por ello es obligado establecer una serie de normas para su buen uso, entre las cuales estarían el comenzar a beber desde que despunta el día, el hacerlo siempre en la mejor compañía y, sobre todo, evitar ese espantajo de la vida que es el agua. Entre los muchos beneficios que según Rabelais aporta este salutífero caldo, detalla cómo éste nos moverá a lo largo del día, unas heces firmes y regulares, que el sabio Epistemón juzga papales, porque son infames por naturaleza (perdón, quisimos decir infalibles)... y os proporcionará una meada sana y rosada, aterciopelada como cornamenta de ciervo en primavera, mientras que los bebedores de agua mearán turbio y azufroso. Y el vino os proveerá de una verga vigorosa y bella, que blandiréis a voluntad (esto un servidor lo pone en duda) y observaréis con contento.
Este opúsculo se completa con 'Los sueños raríficos de Pantagruel', una serie de inquietantes grabados cercanos al mundo onírico de El Bosco y que se han atribuido indistintamente a un alucinado artista francés como a un misterioso satanista. Sea obra humana o demoníaca, el conjunto es una obra deliciosa que disfrutarán por igual rastreadores de botijos, alzadores de botellas y otros animales descorchadores.

Umh... esta gente del Priorato se está subiendo a la parra

Pero el caso de Rabelais no es único. La presencia del vino es una constante en la literatura universal que puede ser rastreada desde sus mismos inicios. No sabemos si conocen ese best seller que es la Biblia, pero está repleto de fantásticos banquetes en los que lo vinícola es parte importante... sólo les diremos (no queremos fastidiarles el final) que el protagonista tiene la capacidad de tornar el agua en vino, algo que hasta el momento los Infames no hemos conseguido.... Y partiendo de aquí podríamos hablar de nuestra literatura medieval, pasar por Cervantes y llegar hasta tiempos más recientes... ¿de verdad nadie ha reparado en que 'El Jarama' nos habla de un botellón que organizan unos jóvenes en plena posguerra? Esto por no hablar de la cantidad de escritores o juntaletras que de continuo encontramos pontificando en las barras de los bares porque eso nos obligaría a dar muchas explicaciones que no estamos en condiciones de ofrecer... tal vez sea porque al igual que Gonzalo de Berceo, muchos escritores se den por pagados con 'un vaso de bon vino'. Sea como fuere, aquí van otras recomendaciones infames sobre el asunto que hoy nos ocupa:

Baco redivivo


Charles Baudelaire: 'Las flores del mal' (nuestra edición favorita es la reciente de Nórdica). Cuando se habla de paraísos artificiales parece un tópico recurrir al francés, quien dedicó una serie al vino dentro de su libro más conocido. Sin embargo nosotros nos vamos a quedar con esta exaltación de la embriaguez que se lee en 'El esplín de París': hay que estar siempre borracho. Ésa es la clave, ésa la única cuestión. Para no sentir la terrible carga del tiempo que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que emborracharos sin tregua. ¿De qué? De vino, de poesía, de virtud, a vuestro antojo. Pero emborrachaos. A la orden, maestro.

José Manuel Caballero Bonald: 'Breviario del vino' (Seix Barral). Recomendamos la edición de Barral por ser de más fácil acceso, pero a nosotros quien nos descubrió esta joya fue el santo bebedor Pepe Esteban. Conste en acta. La memoria del vino se convierte en la memoria misma de los hombres a través de este ensayo, que no se lee como tal, sino como nos beberíamos un buen caldo: paladeándolo.

Grégoire Bouillier: 'El invitado sorpresa' (Mondadori). Apareció el año pasado por nuestras librerías y de ellas se esfumó sin apenas hacer ruido. Tal vez esto fuera debido a su pequeño tamaño, pero dentro hay una historia que atrapará a los devotos de Vila-Matas y los introducirá dentro de una (carísima) botella de Margaux de la que les costará escapar. Un libro que demuestra que sí, que es posible recomponer las piezas de un corazón roto y al mismo tiempo recobrar la fe en la literatura, que siempre termina por convertirse en el invitado sorpresa.


¡Salud!

Este texto infame se terminó de escribir el primer día de abril de 2009 derramando en el empeño una botella de Izadi siguiendo el ritual de los devotos de la sin par Melusina.


Publicado en soitu.es (01.04.2009)

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Libros y vino (¿el orden de los factores altera el producto?)

24 de marzo de 2009

El libro más esperado (por el momento) es éste. Dos inéditos del genial, desorbitado e "infame" François Rabelais, "Tratado del buen uso del vino" y "Los sueños raríficos de Pantagruel". La editorial Melusina es la encargada de presentar este delicado y apetitoso "caldo": quienes lo lean descubrirán el aroma de otras obras más conocidas pero procedentes de la misma vid, "Gargantua y Pantagruel", y los paladares más expertos (no siempre los más sensibles, sino aquellos que en lugar de rondas proponen catas) podrán percibir la persistencia del bouquet que depende de la crianza en particular de estas dos pequeñas obras.

Quien desee preparar sus sentidos para la degustación puede empezar leyendo la presentación del libro en la página web de la editorial:

Editorial Melusina tiene el placer de publicar por primera vez en lengua española dos obras inéditas de François Rabelais no exentas de polémica entre los entendidos y eruditos de este autor clásico. El Tratado sobre el buen uso del vino es una primicia mundial que aparece a la vez que se edita por primera vez en francés en una cuidada edición a cargo de la prestigiosa editorial Allia. Se trata de un extraño texto emparentado con nuestro Libro del buen amor, del que sólo se conserva la edición medieval en checo rescatada por la editorial Volvox Globator en 1995. Este opúsculo ensalza las virtudes de este notabilísimo psicotrópico que las gentes del Mediterráneo elaboramos y consumimos desde hace miles de años para buen provecho de nuestras sociedades y nuestros espíritus.
Los sueños raríficos de Pantagruel son una serie de imágenes inquietantes que han inspirado a numerosos pintores y poetas a lo largo de los siglos y cuya autoría sigue siendo un misterio sujeto a un dédalo de estériles debates.
Se trata, en definitiva, de dos obras fascinantes y esenciales para el lector moderno que vienen a colmar una laguna en el conocimiento de la faceta más íntima del autor de Gargantúa y Pantagruel.

Estamos de suerte, pero me pregunto por qué siempre encontraré razones para terminar el día brindando con alguno de ustedes. Prometo hacer un artículo sobre el libro en cuestión e invitar a una ronda. Por cierto, en cuanto recobren el sentido (y dejen de ver borroso a su alrededor) les recomiendo echar un ojo al catálogo de la editorial: salud!


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CITA PARA TOMAR CAFÉ, COMBATE DE BOXEO Y UN AUTOR DEL XIX

4 de julio de 2008

Habíamos quedado los tres 'tipos infames' para tomarnos un café o lo que surgiera. Yo iba preparado para tenderles una pequeña trampa: acababa de conseguir y leer la que creo es la única biografía en castellano de Arthur Cravan, poeta, boxeador y viceversa según las circunstancias. Los tres quedamos fascinados por su figura cuando vimos hace años la película Cravan vs. Cravan (Isaki Lacuesta, 2002), pero ahora yo llegaba cargado con algunas anécdotas más sobre la vida y muerte de este precursor del dadaísmo. Si les distraía lo suficiente, quizá podría conseguir que ellos pagaran las consumiciones.

Y aunque acostumbro a ello, en esta ocasión volví a llegar tarde muy a mi pesar. A ellos no debió de importarles demasiado porque ya llevaban medio café bebido y hablaban de forma tan apasionada cuando me senté entre ellos que no pude sacar el tema de Cravan, a pesar de dejar en lugar visible sobre la mesa la pequeña biografía de quien se decía 'sobrino de Oscar Wilde'.



Hablaban de Adalbert Stifter, autor del siglo XIX, de quien apenas podían encontrarse títulos y en apenas dos meses se habían juntado hasta cuatro novedades. Un 'tipo infame' había leído 'Abdías' (editado por Nórdica) y el otro 'El sendero en el bosque' (presentado por Impedimenta), ambas en muy buenas traducciones de Carlos d’Ors.

Así que mientras pedíamos los segundos cafés decidí convertir aquella charla en un silencioso homenaje Arthur Cravan sin que mis dos amigos lo supieran: hablaríamos de literatura, pero yo imaginaría que se trataba de un combate de boxeo por tratar de defender no un título del mundo de pesos pesados sino cada uno su propia lectura. Supongamos que ganaría quien supiera alentar más y mejor la lectura de su libro. Yo sentía curiosidad por Stifter y quería leer algo: no es habitual que un autor del XIX prácticamente desconocido ocupe de repente una parte importante de las mesas de novedades en algunas librerías; además, siempre trato de hacerme con todos los títulos que proponen Nórdica e Impedimenta.



En pocos minutos me pusieron al tanto de lo ya hablado entre ellos. El lector de Abdías enseguida cogió la delantera con tan sólo enumerar algunos de los lectores y defensores de Stifter (atención porque la lista no tiene desperdicio): Kafka, Nietzsche, Kundera, Hofmannsthal , Walter Benjamin, Karl Kraus, Thomas Mann, Rilke, Hesse…y cuando terminó citando a Sebald yo me levanté y brindé, aunque ya no era café lo que contenían nuestros vasos. Pero el lector de 'El sendero en el bosque', como si supiera a qué estaba jugando yo, se repuso enseguida, y sabiendo que no me gustan nada los escritores obvios, aquellos que simplemente son aquello que parecen, dijo que bajo la apariencia de idilio campestre o fábula moral (una historia sobre la soledad y la condición redentora del amor) de su novela, Stifter ocultaba algo inquietante y extraño que en determinado momento sorprende al lector y que modifica el sentido y sentimiento de lo ya leído. El argumento de 'El sendero del bosque' es el del cambio experimentado por Tiburius, un auténtico necio y gran mentecato, tras girar por determinada senda del bosque y perderse en él. La respuesta fue inmediata: en cuanto el otro dijo que Abdías era más oscuro, cercano a lo que el romanticismo alemán tiene de demoníaco, yo imaginé otro puñetazo, quizá a la mandíbula. Después, tras apurar su vaso, continuó diciendo que esa comprensión subterránea o regusto inteligente de la prosa de la que el otro hablaba era para aquellos 'lectores de paladares finos' y que, además, el vino que tomábamos era realmente bueno.

Para equilibrar ahora los esfuerzos de ambos, diré que me sorprendió saber a través de ellos que Stifter se suicidó y comprobar más tarde que él también estaba incluido en la galería de 'Suicidas Ejemplares' (la más completa que yo conozco) que preparó la revista Vacaciones en Polonia para su tercer número: 'Suicidios y Literaturas' (una publicación imprescindible). El caso de Cravan, que era de quien yo hubiera querido hablar toda la tarde (y que también aparece en 'Vacaciones en Polonia'), es distinto, porque aunque su rastro se perdió en el golfo de México en 1918, siempre aparece en casi todos sus perfiles biográficos como un suicida, seguramente por tratar de resumir aquello que sería difícil de explicar y sobre lo que no hay documentos.

A pesar de llevar un buen tiempo hablando y de haber cambiado un par de veces de sitio, ninguno de los contendientes parecía cansado o mostraba signos de debilidad. Muy al contrario, les sobraban a ambos razones para defender la figura y obra de Adalbert Stifter (autor ya con méritos suficientes para entrar en nuestra galería de 'infames'). No recuerdo cuántos rings de conversación se disputaron ni cuál fue el número correspondiente de vinos que pudimos contabilizar, pero el combate terminó cuando, después de muchas risas, uno de ellos se levantó para ir al baño. En ese momento (y sin decir nada) di por terminada la contienda.

La noche se extendió más allá, pero aunque fue muy divertida ya no hablamos de libros y aquí no interesa. No diré a quién sentí como ganador moral del combate, porque mis amigos no saben nada de aquello. Además, yo he leído con mucho gusto ambos libros y estoy a punto de empezar 'Brigitta', para algunos 'uno de los relatos más bellos en lengua alemana', el título que la editorial Bartleby ha traducido y con el que iniciaron su nueva colección de narrativa. Ya veremos si es tan bueno como los otros dos.

Posdata 1 sobre Arthur Cravan:
Además del documental de Lacuesta, Cravan contra Cravan, el libro del que hablo al inicio es 'Arthur Cravan. Una biografía', de Maria Lluïsa Borràs (Quaderns Crema, 1993). Para quien tenga curiosidad es muy interesante el número 38 de la revista 'Poesía', dedicada en parte a esta absorbente figura literaria y pugilística. Esta 'Revista Ilustrada de Información Poética' se acompaña además de un inmenso póster que reproduce el cartel del combate entre Arthur Cravan (blanco de 105 kilos) y Jack Jonson (110 kilos) en la Monumental de Barcelona el 23 de abril de 1916 por la nada desdeñable cantidad de 50.000 pesetas para el vencedor.

Posdata 2 sobre Stifter:
A las novedades de Adalbert Stifter ya citadas (Impedimenta, Nórdica y Bartleby) hay que sumar la edición de Verano Tardío en Pre-Textos (también 2008), un volumen de casi 900 páginas para el que se recomienda empezar su lectura con ánimo y llenar la alacena de víveres por lo que pueda pasar.

Para hablar de un escritor que a algunos pueda parecer un poco alejado en el tiempo (algo en lo que yo no creo) pensé que tan sólo podría incitar a su lectura hablando de mis propias ganas por leerle. Espero haberlo conseguido.

Publicado en soitu.es 2-07-2008

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