Tom Rath, Frank Wheeler y Dan Dreper

10 de mayo de 2009
Ser igual que tu vecino y tener que sonreír

Tom Rath, el primero de la lista de nombres propios del encabezamiento, es el protagonista de la novela 'El hombre del traje gris', de Sloam Wilson, publicada en 1955 y ahora "rescatada" por Libros del Asteroide. Un norteamericano de los años cincuenta, veterano de la 2ª Guerra Mundial, convertido en un hombre de clase media-alta con una vida similar a la de sus vecinos, cuyas bonitas casas unifamiliares en las afueras y el corte de sus trajes son completamente iguales a los suyos. Tom parece disfrutar de una vida feliz, casado con una mujer que le quiere y que siempre tiene preparada una copa a su llegada, tres hijos y un sueldo más que razonable. Podría suponerse que alguien en su situación no querría pedirle más a la vida: una vida de medio-confort y felicidad-estandard es mucho más de lo que algunos tienen, pero a Tom Rath no le gusta su trabajo, se siente abducido por el empleo en una gran corporación, obligado a cargar con ello como un mal menor, casi necesario y absolutamente moderno: cómo encontrar el verdadero sentido a su trabajo y a su vida en la ajetreada sociedad moderna, existen otras posibilidades distintas a la que él (y sus vecinos) ha tomado?

Mientras esperamos poder leer dentro de (muy) poco esta novela (sale a la venta mañana día 11) nos dedicamos a imaginar algunos de sus posibles vecinos del barrio residencial, otros "hombres de traje gris", que a pesar de compartir un mismo problema existencial no se confiarían entre ellos sus angustias con la misma facilidad y familiaridad de vecinos con la que comparten sus muebles-bar.

Dan Dreper, que bien pudiera vivir dos o tres casas más allá de la de la familia Rath, trabaja en la agencia neoyorquina de publicidad Sterling Cooper, y es el personaje protagonista en 'Mad Men', la exitosa serie norteamericana que en la actualidad retoma las sombras de aquellos "hombres de traje gris" cuyas vidas transcurrían por inercia entre la oficina y el hogar familiar en los prósperos suburbios de los años cincuenta. Rodrigo Fresán, en el suplemento Radar Libros de Página12, aprovecha la figura de Dan Dreper (encarnado por el actor Jon Hamm) para recordar a algunos escritores (muy del gusto del argentino) que han creado personajes similares -sus vecinos existenciales-, novelistas que han sabido retratar ese infierno que algunos creyeron equivocadamente que podría ser el paraíso.

"Así, Draper vuelve todas las noches a casa en tren con un whisky o dos de más y el cartel de la estación en la que se baja anuncia que estamos en Ossining: el mismo suburbio residencial en el que, por entonces, vivía un escritor llamado John Cheever." -dice Fresán-.

Las grietas del Sueño Norteamericano y sus grises exploradores fichan a su hora y saludan a sus vecinos con desgana (es decir, cumplen con la tarea asignada) en las narraciones de John Cheever, John Updike, John O'Hara -autor de 'Cita en Samarra' (Lumen, 2009)- y Richard Yates, creador de otro vecino de la urbanización que bebe lo mismo y besa igual a su esposa, la hermosa April: Frank Wheller vive con su mujer y sus dos hijos en su bonita casa de Revolucionary Road, y de su trabajo no obtiene más que el sueldo para poder mantener su nivel de vida, pero...y qué? Eso no es lo que había soñado, es un hombre gris que a pesar de todo parece obligado a sonreír.

P.D. por cierto, si queréis saber que pinta Miles Davis entre los habitantes de este imaginario vecindario y sus escritores, os recomendamos que leáis completo el artículo de Fresán.

P.D. un último olvido!: otro hombre con traje gris.


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Corre John, corre...

30 de enero de 2009

John Updike, escritor americano

Sin duda que John Updike tuvo que torcer el gesto cuando el año pasado recibió el premio en reconocimiento a toda su carrera. Y es que éste era, más incluso que la imagen de sus pulmones deshechos, el signo evidente del poco tiempo que debía quedarle para escribir... ¿pero le quedaba algo por escribir?

Hoy podrán desayunarse en todos los periódicos la triste noticia del fallecimiento del escritor. Pero si no andan con cuidado corren el riesgo de que los indigestos grandes tópicos de siempre les amarguen el café: "Autor de grandes frescos de la América contemporánea" (que podríamos decir también de Richard Ford), "cronista del desencanto vital de la América de clase media" (podríamos aplicarlo a Richard Yates ahora que está de moda), "influyente intelectual, crítico con su sociedad, autor muy prolífico y superventas" (como el también recientemente desaparecido Mailer, con quien se las tuvo tiesas más de una vez), "entre sus muchos galardones no se encuentra el Nobel" (aquí me faltarían dedos para enumerar... digamos sólo que Updike se resarciría de este olvido en el personaje del muy infame Henry Bech)... "etcétera".

Pero si toda esta ristra de tópicos funciona a la manera de comodines que los críticos nos sacamos de la chistera, apremiados por la velocidad de los acontecimientos… ¿qué es entonces lo específico de Updike? ¿Cuál es la figura de la alfombra que diría el protagonista de uno de los más memorables cuentos de Henry James? Bueno, más allá de la temática (inaprensible de tan vasta en éste caso) podríamos hablar de esa extraña cualidad que llamamos precisión, un estilo que es sencilla y pura lucidez.

Este estilete es el que dibuja la memorable serie sobre Harry 'Rabbit' Angstrom, uno de los personajes más redondos de la ficción americana de la segunda mitad del XX y a través del cual asistimos al resquebrajamiento de los ideales y promesas en los que depositó su confianza toda una generación. Pero el territorio Updike no se agota aquí. Margaret Atwood dijo que "ningún escritor norteamericano ha escrito tantas obras de tanta calidad durante tanto tiempo". Y es verdad, porque a veces da la impresión de que lo escribió todo: memorias ('A coinciencia'), novela con tirano ('Golpe de Estado'), ciencia ficción ('Hacia el final del tiempo'), metaliteratura posmoderna ('Gertrudis y Claudio'), crítica de arte, incluso... ¡un libro sobre golf! ('Sueños de golf').

Su último libro publicado en España fue 'Terrorista' (Tusquets, 2007). Y aunque desde luego dista para nosotros de sus mejores obras ('Corre, Conejo' para el 66% de los Infames y 'Bech en la Bahía' para la disidencia restante), no puede negarse la originalidad de Updike en el acercamiento a la sociedad americana posterior al 11 de septiembre a través de la figura de un joven estadounidense convertido al Islam. Y la originalidad estriba en cómo Updike se calza la piel de este personaje y nos hace llegar hasta el cráneo del otro, y una vez allí instalados, comprobar que no se diferencia tanto del nuestro.

Antes de irse, Updike nos regaló 'My father´s tears and other stories', que se anuncia para finales de este año. Aunque tampoco es descartable que Krusty el payaso se decida finalmente a publicar la segunda parte de su esperada autobiografía, en la que Updike empleó buena parte de sus energías como negro (o al menos eso apunta en un capítulo de la serie de Matt Groening).

Pero no hagan mucho caso a estos halagos y pongan los suyos propios. Abran de nuevo alguno de sus libros que ya leyeron, busquen los párrafos que subrayaron y pasen el resto del día saltando de una a otra página. Siempre es buen momento para empezar a leer otra novela de Updike.

Corre, John. Nos vemos.

publicado en soitu.es (28.01.2009)


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Otro día negro: muere John Updike

27 de enero de 2009
El novelista también debe ser preciso como un malabarista

La editorial Alfred A. Knopf ha informado a The New York Times que John Updike ha muerto, al parecer, a causa de un cáncer de pulmón. Hasta en wikipedia ya están actualizadas sus fechas de nacimiento y muerte, y en medio una extensa bibliografía.

Updike es uno de los grandes y merece ser recordado. Sin duda será recordado. Mañana se llenarán las páginas de cultura de los periódicos con la triste noticia y con los tópicos de siempre: "autor de grandes frescos de la América contemporánea"..."cronista del desencanto vital de la América de clase media"..."entre sus muchos galardones no se encuentra el Nobel"..."retrató la América residencial, la de las urbanizaciones de casas residenciales"..."influyente intelectual, crítico con su sociedad, autor muy prolífico y superventas"..."etc."

No hagan mucho caso a estos halagos y pongan los suyos propios. Abran de nuevo alguno de sus libros que ya leyeron, busquen los párrafos que subrayaron y pasen el resto del día saltando de una a otra página. Siempre es buen momento para empezar a leer otra novela de Updike. Sus novelas seguirán leyéndose: la serie protagonizada por Harry Conejo Angstrom, El Centauro, Brasil...

Corre, John. Nos vemos.


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Si le dieran el Premio Nobel a... (What if...)

9 de octubre de 2008
Don Camilo por bulerías

Según la fuente a la que acudas el Premio Nobel de Literatura 2008 que se concede hoy se lo darán a un autor diferente. Como todos los años las apuestas destacan algunos nombres y barajan otros tantos posibles. Hace unos minutos un amigo me ha dicho que ha leído, vaya usted a saber dónde, que Kundera iba a ser el premiado. Nos encantaría, claro, pero no sé. Dudamos.
Los siguientes autores que citamos son algunos de los nombres que más veces hemos oído nombrar en los últimos días.

Jean-Marie Le Clézio.
En cuanto es otorgado el prestigioso premio literario todas las librerías se surten de cantidades enormes de ejemplares del autor premiado. Pero si este año el autor galardonado fuera el franco-mauriciano Le Clézio, sería un buen momento para realizar un estudio de campo que sonrojara a las grandes librerías que poco a poco están dejando de ser “librerías de fondo” para convertirse casi en almacenes de papelería. Lo mismo sucedería si el Nobel de este año se lo dieran a otros autores que también suenan como posibles candidatos: la novelista alemana de origen rumano Herta Müller o el argelino y miembro de la Academia Francesa Assia Djebar. ¿Cuántos títulos de estos tres autores, posibles candidatos al Nobel, podrías encontrar en la librería más cercana a su casa?

Adonis y Ko Un.
El caso de los poetas es particular, porque, realmente, ¿quién se acuerda de ellos? Si alguien ha de quejarse de “marginación literaria” deberían ser ellos, porque algún Nobel hay, pero quién –a día de hoy- pregunta en las librerías por los poemarios de Derek Walcott, Seamos Heaney o Wislawa Szymborska. Si digo “nadie” algún lector de poemas se nos echará encima, y como hablo de poesía algún fanático del teatro tendrá todo el derecho a escribirnos un “post” defendiendo que no sólo existe la narrativa y la poesía. Y yo les daría la razón.
Si el galardón fuera para el sirio o para el norcoreano, sus poemas recibirían el justo reconocimiento que merecen. Hablo en particular de Ko Un, al único de estos dos poetas que Tipos Infames hemos leído, y que no ha sido muy traducido al castellano. El Nobel sería la excusa perfecta.
Y después del fulgor (del premio) llegará de nuevo la noche (en las librerías).

Philip Roth, Don Delillo, Joyce Carol Oates y John Updike.
Los nombres de los distintos autores norteamericanos tienen un soniquete diferente en las apuestas y cábalas que siempre preceden al premio desde que uno de los miembros del comité del Nobel dijo que la literatura norteamericana era demasiado insular y demasiado ignorante (ahí va esa!) como para tratar de competir con Europa como centro literario del mundo. Lo que no podemos asegurar es dónde se habría destilado el licor que este académico bebió (suponemos que en grandes dosis) antes de proferir tal tontería.
De entre esta nómina de autores cada cual tendrá su preferido. Pero si Philip Roth fuera el premiado nos volvería a hablar a todos de sus problemas de próstata, de su condición de judío y de su obsesión con las jovencitas; en fin, de todos los inevitables achaques de edad de su alter ego Nathan Zuckerman. Por eso, quizá los académicos prefirieran dárselo a alguien “más formal” como Updike (que siempre dudo cómo pronunciar) o al gran Delillo.
Si en las apuestas tienen tanta importancia los premios concedidos los últimos años, nos tememos que este tampoco será el año de Joyce Carol Oates.

Thomas Pynchon.
La gente seguiría sin entender o ni siquiera se atrevería a leer sus grandes novelas. Pero lo más divertido para nosotros, Tipos Infames, sería llenar el artículo sobre el Nobel 2008 con ilustraciones de figuras geométricas o con una foto desenfocada de nuestro vecino, defendiendo que se trata del Sr. Pynchon, porque de todos es sabido que este gran autor norteamericano sigue permaneciendo en el anonimato.

El voto “latino”: Vargas Llosa y Carlos Fuentes.
Siempre hay quien se acuerda de estos dos genios del boom a la hora de elaborar el ranking de apuestas para los premios que aún no les han dado.
Nosotros estaríamos encantados de que cualquiera de ellos fuera premiado, pero sus obras más actuales creemos que han dejado de tener el interés y la calidad de hace tiempo. “Travesuras de la niña mala” y “Todas las familias felices” son buenas, pero realizadas a base de “parodia y reciclaje” de sí mismos, no tienen el interés de su magnífica bibliografía. Además, Vargas Llosa como personaje público nos cae bastante gordo. Hace poco más de diez años (calculo a ojo) hubiera sido el momento para reconocer la importancia de la obra de estos dos genios en la literatura del silo XX.

Nuestras apuestas.
Pocas de nuestras apuestas coinciden con algunos de los nombres que más suenan. Cada Tipo Infame tiene su favorito: el más “sesudo” y centroeuropeo del grupo se inclina hacia Claudio Magris, otro duda entre Pynchon y Delillo. La opinión del tercero nos pone de acuerdo a los tres: estaríamos encantados ver cómo Haruki Murakami recibe la noticia de ser el Premio Nobel 2008.
Murakami como autor de “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” y de “Kafka en la orilla”, no tanto el que escribió el entretenido “best-seller” “Tokio blues”.
Sea como sea, en unos pocos días todas las librerías se llenarán de libros del mismo autor, olvidando temporalmente al resto hasta el próximo año, en que sus nombres volverán a aparecer en las listas de posibles aspirantes.

Sea como sea, en unos pocos días todas las librerías se llenarán de libros del mismo autor, olvidando temporalmente al resto hasta el próximo año, en que sus nombres volverán a aparecer en las listas de posibles aspirantes.

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