De saltos de página y crónicas periodísticas

25 de marzo de 2012
la leyenda del infame bebedor
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Lunes 26 (20:00)
Mesa redonda sobre el estado de la narrativa de género en España, con autores tan interesantes como Jon Bilbao, Ismael Martínez Biurrun y Fernando Ángel Moreno (Rufus T. Firefly)

Martes 27 (20:00)
Santiago Auserón presentará su poemario ‘Canciones de Juan Perro’ (ed. Salto de Página) acompañado por Jenaro Talens, José Luis Pardo y Diego A. Manrique.

Miércoles 28 (20:00)
Estupenda reunión de autores, Gabriela Wiener y Jordi Costa, para presentar el libro ‘Mejor que ficción. Crónicas ejemplares’ (ed. Anagrama), editado por Jorge Carrión.

Jueves 29
Tipos Infames permanecerá cerrado durante todo el día.

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El Infame herralde

7 de octubre de 2009

Desde este rincón infame queremos sumarnos a la conmemoración de 40º aniversario de la editorial anagrama rescatando una de nuestras imágenes favoritas de su santo patrón. Felicidades sr.Herralde.

Por cierto... la foto de Colita, claro.

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Beckett rey

5 de julio de 2009
Samuel Beckett fotografiado por Lufti Özkök

No hay nada bueno en trabajar un domingo. No trato de engañarme. Pero, aquí encerrado en la librería, el día es mucho más tranquilo que a diario, y siempre hay horas muertas en las que uno trata de aprovechar su tiempo (para que la empresa no te absorba todo el día, y se quede con tu ánimo también). Y si esto pasa casi a diario, hoy lo reseño porque la lectura de apenas las tres primeras páginas de 'Cuerpos del rey', del francés Pierre Michon (Anagrama), han conseguido sobrecogerme, emocionarme y hacerme obviar el lugar al que uno debe la mayor parte de sus horas de aliento.

"Los dos cuerpos del rey", texto con el que se abre el libro para darle también nombre, es suficiente para considerar 'Cuerpos del rey' y a su autor lecturas recomendables (obligatorio aún tiene resonancias colegiales). Textos varios y breves que vuelen a su enfermedad literaria: Faulkner, Flaubert, Beckatt, Victor Hugo, Balzac... Una fotografía en blanco y negro tomada en el otoño del 61: el cuerpo inmortal del Rey (el Autor, la Literatura) necesita de una sucesión de encarnaciones temporales, llamados Shakespeare, Joyce, Dante...: cuerpos y nombres que son cárcel temporal del genio. En el año de 1961 esa encarnación lleva el rostro de Samuel Beckett, entronizado hace años, y enfrentado en ese preciso instante -en la imagen que funciona como excusa del texto- al objetivo del fotógrafo Lufti Özkök, que fue capaz de hacer asomar en la imposible combinación de hielo y fuego de las pupilas del curpo que desaparecerá, la intangibilidad del alma real y eterna e inmóvil, en cuya búsqueda pasamos todas nuestras horas de lectura. ¿Pueden ser ambos cuerpos capturados en una sola imagen?; ¿es Michon Rey y pocos se han dado cuenta de ello hasta ahora?...lo que está claro es que yo debería haberme callado líneas arriba.

"Año 1961. Más bien otoño, o principios de invierno. Samuel Beckett está sentado. Hace diez años que es rey, algo menos o algo más de diez años: ocho años, porque entonces se estrenó Godot; once años porque Jérôme Lindon publicó en bloque sus grandes novelas. Nada hay en Francia que pueda ponerlo en jaque o disputarle el trono en que se asienta. sabido es que el rey tiene dos cuerpos: un cuerpo eterno, dinástico, que el texto entroniza y consagra, y al que arbitrariamente llamamos Shakespeare, Joyce, Beckett, o Bruno, Dante, Vico, Joyce, Beckett, pero se trata del mismo cuerpo inmortal ataviado con pasajeros andrajosos; y hay otro cuerpo mortal, funcional relativo, el andrajo, que se encamina a la carroña; que se llama, y nada más se llama, Dante y lleva un gorrito que le baja hacia la nariz chata; o nada más se llama Joyce, y entonces tiene aniñños y mirada miope y pasmada; o nada más se llama Shakespeare, y es rentista bonachón y robusto con gorguera isabelina. O se llama nada más, y carcelariamente, Samuel Beckett; y en la cárcel de ese nombre se halla sentado, en el otoño de 1961, ante el objetivo de Lufti Özkök, turco y fotógrafo, fotógrafo esteticista que a su modelo vestido de oscuro le colocó detrás un paño oscuro, para dar al retrato que le va a hacer un toque del Ticiano o de Philippe de Champaigne, un marcado toque clásico. Tiene ese turco por manía, o por oficio, ser fotógrafo de escritores, es decir, retratar, recurriendo a cumplido
artificio, maña y técnica, ambos cuerpos del rey, la simultánea aparición del cuerpo del Autor y el de su encarnación del momento, el Verbo divino y el saccus merdae. En la misma imagen. [...] "


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arrebato mexicano

1 de mayo de 2009
¡mexico lindo!

Cuando me hablaron de Maldonado, la primera imagen que me vino a la cabeza fue la del ex presentador del tiempo de Televisión Española. Ese hombre serio, que boli en mano y nariz colorada nos adelantaba, anticiclón va anticiclón viene, la previsión meteorológica de los días siguientes.

Sin embargo, a partir de ese comentario de un librero amigo, he adjuntado como un archivo a un mail otro elemento al apellido Maldonado, esta vez con un nombre de pila extraño: Tryno. Sonoro apelativo que enmascara a un prometedor escritor.

Temporada de caza para el león negro' (Anagrama) es el último libro del joven Tryno Maldonado. Es esta novela del mexicano un arrebato literario sobre un personaje caótico, loco y enajenado de la realidad cuyo éxito en el mundo de las artes plásticas lo acaba desbordando.

Su amante y cómplice de algunas de las vivencias (y víctima de otras) cuenta en breves capítulos, casi escuetos brochazos, cómo se comportaba ante la realidad que enrollaba. Una disputa entre el yo, el otro y la sociedad que a la mayoría nos acaba absorbiendo. Sin embargo Golo, consciente de lo que supone todo lo superfluo que nos obligan a aceptar, dibuja con mano débil y trazo titubeante un incierto futuro que nos va sobrecogiendo y entusiasmando.

Ficción o no, el Golo encantador, guapo y niño terrible de la pintura convive con el Golo guarro, dejado, enajenado y sobre todo obscenamente sexual. Ese 'príncipe del sexo', como le ha bautizado Sergio Pitol, que se muestra sugerente e instintivo para lo amatorio. Porque este libro está cargado o mejor dicho 'dotado', de una erótica sugerente y contenida que se desborda en certeros dardos de cópula y pasión.

canten los malditos la eterna ranchera

Un protagonista, como mantiene Maldonado, creado para "dejar en evidencia sus manías y obsesiones muy a la manera de los personajes de John Kennedy Toole en 'La conjura de los necios' o del prota de 'El guardián entre el centeno', de Salinger. Personajes muy carismáticos y contradictorios, incluso detestables. Me impuse el reto de crear una figura muy vital, que saliera de las páginas del libro, más que crear artificios del lenguaje para sostenerlo". Y es esa vitalidad la que inunda la prosa de este mexicano hasta el punto de transgredirnos e incluso ofendernos al obligarnos con guante de seda a tomar partido por Golo. Le odiaremos o nos generará un profundo sentimiento de compasión.

Pero la novela además de un excelente trabajo compositivo de los personajes presenta un juego de estructura muy interesante. A través de la reiteración de determinados pasajes, párrafos o capítulos casi a modo de un experimento beat, introduce un ritmo cuasi musical. Quizá su formación en este ámbito le ofrece la sensibilidad suficiente como para insertar dentro de la trama esos fragmentos remarcados que nos ayudan comprender las nada fáciles actuaciones del protagonista.

Tal y como se percibe, su obra debe mucho a la influencia de Borges. Lector confeso del argentino, declara públicamente sus deudas con éste ("yo no sería nada sin Borges") en su manera de escribir, su lenguaje o el imaginario que le fue descubierto al encontrarse con la obra del ciego universal. Asunciones literarias que también absorbe de otro de sus escritores predilectos J. M. Coetzee, que también ha declarado su devoción hacia el legado borgiano.

Espero que no dudéis en adquirir el libro (destacado entre los premios Herralde de 2008) o, por lo menos, a modo de prueba clínica, leáis alguno de sus cuentos. Si como cantaba José Alfredo "tu recuerdo es mi desgracia", disfrutemos de las evocaciones pasadas mientras estemos presentes. Ese trago seco que a modo de ranchera literaria se nos cuela en la estantería del salón.


Publicado en Soitu.es el 28/04/09

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Donde dije "digo", digo "Diego"

18 de abril de 2009
Gide dibujando billetes falsos de 50 euros

Realizar una buena traducción es realmente complicado. Hoy, que desperté un poco pesimista, diría que es casi imposible. En esta labor de 'interpretación' y 'manipulación' de textos ajenos de la que tanto dependemos los lectores, se debe establecer una especie de negociación entre ambos idiomas, con el traductor como mediador, quien tendrá que hacer 'hablar' al texto original en otro idioma. Aún siendo 'imposible', una buena traducción será aquella en la que —aunque no puedan ganar todos— ninguna de las partes implicadas sienta que haya perdido. Ciertamente, se trata de "decir casi lo mismo", tal y como titula Umberto Eco su libro sobre el trabajo de traducción y sus propias experiencias en el campo.

Al igual que poniendo a dos pianistas frente a la misma partitura se escucharían dos versiones distintas (esa misma distancia puede apreciarse años después en el mismo intérprete, como en el conocido caso de Glenn Gould sentado en la misma silla, pero interpretando las 'Variaciones Goldberg' en 1955 y en 1981) sucederá algo parecido cuando pasado el tiempo volvamos a empezar a leer alguna de las novelas más conocidas, pero en una nueva traducción. Ésta ha sido nuestra tarea de la última semana.

Si alguien se atreve aún a entrar en una librería, tendrá que enfrentarse en primer lugar a grandes pilas de libros firmados por presentadores de la tele, pero si contiene su primer impulso de salir de ahí y resiste un poco, podrá encontrar algunas novedades que presentan un texto prácticamente nuevo basado en una reciente traducción.

"Ha llegado el momento de pensar que oigo pasos por el corredor", se dijo
Bernard.

"Buen momento para pensar que estoy oyendo a alguien andar por el
pasillo", se dijo Bernard.

La primera de las frases corresponde al inicio de una de las novelas canónicas del siglo XX tal y como la leímos todos aquellos que no estábamos preparados para leer en francés 'Les faux-monnayeurs', de André Gide, traducida entonces por Agustín Caballero Robredo como 'Los monederos falsos'. La otra traducción es obra de María Teresa Gallego Urrutia, y la acaba presentar la editorial Alba con un título también nuevo: 'Los falsificadores de moneda' (Alba, 2009). La diferencia para algunos será demasiado sutil o simplemente les parecerá igual, pero nosotros pensamos que siendo el contenido el mismo, ya que existe un texto original como referente, la forma de expresarlo puede convertir el nuevo texto en una obra mejor, como creemos que es el caso. Que las ediciones anteriores de la obra estuvieran descatalogadas convierte a esta nueva edición en imprescindible: una de nuestras novelas favoritas, constantemente citada como una de las cumbres narrativas del siglo pasado, que hemos tenido la inmensa fortuna de poder volver a leer con la misma devoción que hace años, pero con el valor añadido de una estupenda traducción.

Gesto agrio y cabeza genial: Poe

Una de las efemérides literarias más citadas en lo que va de año es la del segundo centenario del nacimiento de Edgar Allan Poe. Y se han sucedido las ediciones de sus cuentos en editoriales como Páginas de Espuma, Augur o Edhasa... todas ellas con la traducción ya 'clásica' de Julio Cortázar, uno de sus más dignos y reconocidos herederos. Pero nadie parece haberse hecho eco en este caso de la siempre citada necesidad de revisar las traducciones de los textos clásicos, y de que la labor realizada por Cortázar, aunque muy buena, tiene más de 50 años. Si fuéramos de los que piensan mal (y acertaríamos, concluiría mi abuela) haríamos asomar la posibilidad de que se tratara de un caso —también clásico— de comodidad editorial (aunque la edición de Páginas de Espuma tiene en su caso el valor añadido de contar con un pequeño prólogo en cada cuento a cargo de un reconocido escritor). Aprovechando todo el revuelo editorial que se ha levantado nadie parecía dispuesto a levantar la mano y opinar lo contrario... ¿Nadie? ¡No! Una pequeña editorial asentada en Oviedo resiste a base de muy cuidadas ediciones de textos necesarios y autores imprescindibles: en el catálogo de KRK encontramos a Sterne, Iván Turguénev, Boleslav Prus, Ramón Pérez de Ayala, Piotr Alexéivich Kropotkin, Samuel Johnson, E.T.A. Hoffmann... listado al que acaba de sumarse el señor Poe.

'Cuatro cuentos. Manuscrito encontrado en una botella. El hombre que se gastó. La caída de la casa Usher. William Wilson' (KRK, 2009) presenta cuatro de sus piezas más (re)conocidas, "cuatro deslumbramientos" como señala el prologuista Ricardo Menéndez Salmón (y dos de los cuentos de Poe que a mí más me gustan, por si a alguien pudiera interesarle este dato), en una nueva y muy buena traducción a cargo de Jaime Priede. Así que ahora paso las tardes disfrutando de estos cuatro cuentos 'casi nuevos', comparándolos inevitablemente (y por diversión) con los de mi viejo ejemplar de los cuentos de Poe, porque al igual que KRK sentía que lo que necesitaba no era un volumen más nuevo con el texto de siempre, sino los cuentos que ya conocía, pero leídos desde otro punto de vista.

Dos amigotes comparten su vida en la carretera

El último de los casos es algo distinto. 'En el camino' de Jack Kerouac siempre ha sido uno de los libros que pensé que necesitaban una nueva traducción. No critico por ello la labor de Martín Lendínez (su primer traductor para Anagrama), pero se trata de la traducción, hace ahora 20 años, de un libro con una importante carga de terminología jergal que parecía hacerlo envejecer de forma prematura. Por eso es muy bien recibida la nueva traducción de Jesús Zulaika, que ahora pasa a titularse de forma más acertada 'En la carretera' (Anagrama, 2009), y que cuenta con el interés añadido de tratarse del texto 'original', es decir, el del famoso rollo mecanografiado que Kerouac escribió del tirón y que años después tuvo que recortar, y casi escribir de nuevo, para lograr que se publicara.

De hecho, nada más empezar a leer esta 'novela de culto', encontramos enseguida las primeras diferencias: la vida en la carretera de Sal Paradise, que aquí vuelve a llamarse por fin Jack Kerouac, empieza con la aparición de Neal Cassady —que tampoco se esconde en la novela tras el nombre de ficción de Dean Moriarty—, pero ésta sucede no después de la separación del narrador con su mujer, sino tras la muerte del padre. Este es sólo un ejemplo, porque también en el texto original (aunque con el mal menor que supone toda traducción) podemos sentir mejor ese fraseo desenfrenado y bebop del que siempre se habla al referirse a la prosa del santurrón de los hipsters, repeticiones voluntarias, fragmentos eliminados... Algo parecido a esta renovación beat es la que promete también Anagrama para el próximo año, cuando publique los cuentos de Raymond Carver sin los cambios y cortes a los que los sometió su editor Gordon Lish: se anuncian no sólo finales distintos o completamente mutilados, sino también un serio cambio de estilo, al parecer no tan minimalista y frío, que quizá no sea del gusto de los muchos seguidores del norteamericano.

Y yo que siempre dije que nunca volvería a leer esta novela, estoy volviendo a sentir (como cuando tuve 20 años) ese entusiasmo casi eufórico hacia las cosas que encontramos en el camino y las que nos quedan aún por adelante. De hecho, ahora que he vuelto a poner un disco en el que George Shearing toca el piano... ¡increíble!... estoy convencido de terminar las 30 páginas que me quedan del libro en apenas un suspiro. Entonces, y sólo entonces, seguiré buscando nuevas traducciones para poder volver a leer de nuevo otras novelas ya conocidas.

Publicado en soitu.es (15-4-09)


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el triunfo de "los dioses blancos"

14 de abril de 2009
Weimar no se acaba nunca, Weimar era una fiesta...

El otro día me desayuné con la noticia del aniversario del nacimiento de la Bauhaus. Y es que noventa años no son nada (hoy en día quien no quiera celebrar el aniversario de alguna efeméride es porque no quiere, oiga) y menos para uno de los mitos fundacionales de un pasado que no termina de abandonarnos.

Servidor de ustedes cree que es imposible a estas alturas escribir algo nuevo sobre la Bauhaus, sin embargo mucho se teme que volveremos a ser testigos de una avalancha editorial de títulos innecesarios y algunas reediciones... pero ya puestos ¿no podría el señor Herralde (venga Jorge, tírate el rollo...) reeditar “¿Quién teme al Bauhaus feroz?” de Tom Wolfe? Buceando en uniliber y otros osarios de libros sólo he podido encontrar un ejemplar de la edición del año 1999 -ayer mismo- por...¡¡¡65euros!!!. Ahora que está tirando la casa por la ventana con su cuarenta aniversario (que conste que hablamos de la editorial...¡agh! ¡otra maldita efeméride!) ¿no podría volver a hacer una tirada pequeñita? Incluso podría tragarme mis principios (ya encontraré otros, que diría Marx -Groucho, claro-) y contentarme con esos horribles formatos dorados de kiosko que se ha sacado de la manga.
...

Oh, hermoso país, el de los horizontes espaciosos, el del ambarino oleaje del trigo, ¿existe otro lugar en el mundo donde la gente rica y poderosa haya costeado y soportado tanta arquitectura que tanto detesta como el que abarcan nuestras benditas fronteras? Lo dudo mucho.

grrr...¡malditos europeos!
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A Wolfe le parecía inconcebible que los niños de su país recibieran enseñanza en edificios que parecían más almacenes de recambios para multicopistas que verdaderas escuelas. Por su parte, los chalets que comenzaban a proliferar por entonces en Long Island contenían tal maraña de tuberías, láminas industriales de vidrio cilindrado y lámparas de wolframio halogenado que hacía que se asemejasen más a refinerías de insecticida (en Estados Unidos fueron los magnates -y sus señoras- quienes introdujeron el arte y la arquitectura de vanguardia. El MOMA no fue un proyecto de socialistas y bohemios, sino que se fundó en la salita de estar de todo un John D. Rockefeller jr. entre estolas de piel y whisky del bueno, del que hace clinkclink en el vaso).

Los nuevos ricos americanos se encontraban al borde del autismo sensorial sometidos a la dictadura de conceptos como la luz pura, la blancura, la magrura, la albura, la hartura... ¡una auténtica locura, vaya!. Los ricos se encontraban viviendo en edificios en los que era imposible vivir... ¡y que aun encima habían pagado ellos mismos!. Además si trataban de dotar con una nota de color o buscar una mayor comodidad en sus hogares con mullidos cojines de colores o cálidas alfombras se arriesgaban a que el arquitecto, enfurecido, les sometiera a una filípica calvinista y les arrebatara aquellos objetos. Para Wolfe la relación entre arquitecto y cliente se había vuelto excéntrica y perversa en los EEUU. En el pasado, los que encargaban y financiaban palacios, bibliotecas, universidades, museos o ministerios lo hacían con la intención de ofrecer una imagen de su propia gloria y el arquitecto obedecía sin chistar... faltaría más. En la actualidad los plutócratas de nuestro tiempo o presidentes de consejos de administración se sometían a la voluntad del arquitecto como ante un navajero de arrabal. ¿Cómo se había llegado hasta ese punto? Bueno... de eso precisamente trata “¿Quién teme al Bauhaus feroz?”.


El olimpo

Para Wolfe la culpa de esto la tenían aquellos arquitectos, artistas y diseñadores que habían venido desde Europa, enemigos declarados de la comodidad y el color, que trajeron el mensaje del arte moderno desde el otro lado del Atlántico. El advenimiento de los arquitectos europeos era como una mala película en la que los exploradores blancos que se adentran en la selva son confundidos por dioses por los aborígenes. Estos “dioses blancos” tenían nombres tan fascinantes como Gropius, Mies, Le Corbusier y Oud, mientras que el pobrecito de Frank Lloyd Wrihgt era relegados a mera nota al pie de página en las universidades. Universidades en las que el estudio de la arquitectura ya no era tanto el adquirir unos conocimientos técnicos como el ingresar en un movimiento, en un cenáculo (ésa es la palabra, sí). Y si los estudiantes tenían que gastar sus escasos medios en adquirir una silla Barcelona o lámparas termoiónicas para ingresar en la tribu... pues se hacía y punto.

62.23% tónica + 32.54% ginebra (menos es más!)+ 1.12% limón=...


Así, se dio la paradoja de que en la Babilonia del Capitalismo sería donde mejor iba a calar el mensaje progresista de la Bauhaus, si bien despojado, desnatado, de cuestiones tan inoportunas como el lugar de la clase trabajadora, la vivienda obrera o el socialismo (¿socialismo? ¿de qué coño me habla, joven?).

Bueno, ahora sólo falta que el señor Herralde nos haga caso...


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Un Nobel sin laureles llamado Modiano

14 de marzo de 2009
Después de tanto libro, un merecido descanso

Existen lugares donde se concentra la literatura. Espacios que nos evaden de lo que nos rodea y permiten concentrarnos en la lectura. Se abren ante nosotros las palabras y sus significados concatenados, el placer del libro y la soledad del lector.

Cada persona va descubriendo esos sitios, privados o públicos, según va creciendo. Conquistamos así el sofá del salón, la cama, el banco del parque… y por supuesto el bar, con su barra de aluminio, su grifo y el murmullo de fondo inherente en él.

Es en uno de esos bares donde el escritor Patrick Modiano se me reveló como Nobel sin laureles, imprescindible para todos los que buscamos aquello que extraviamos en el pasado pero que no sabemos qué es. Porque Modiano (en su juventud) se cobijó en estos bistrós, buscando la inspiración entre los veladores de mármol y el aroma de café recién hecho. Quizá de ahí el título de su último libro 'En el café de la juventud perdida' (Anagrama) en el que repasa la vida de los parroquianos de un café parisino de los años 60.

En 'Le Conde' la bohemia se agrupa con el respeto a lo anónimo, a aquello que cada cual esconde fuera de ese ambiente. Es allí donde cada uno se perfila como es, ocultando lo más oscuro y dejando visible lo que queremos mostrar al resto, una nueva personalidad más próxima a lo que nos gustaría ser. Así una joven enigmática, Loki, aglutina a su alrededor a cuatro hombres que quedarán señalados por ésta. Nos destapa de esta manera el pasado de uno de ello, Ruy Roland, protagonista de 'Rue des boutiques obscures' que ahora Anagrama vuelve a editar como 'Calle de las Tiendas Oscuras'. En ambos títulos aparece, como en la mayoría de su obra, París. Ese París perpetuo que reitera como escenografía principal en su obra y que junto al poder de la memoria y la búsqueda de la identidad perdida son sus constantes literarias.

Junto a 'En el café de la juventud perdida' están disponible en las librerías dos publicaciones recientes del mismo autor. Seix Barral reedita una de sus grandes obras, 'Dora Bruder'. En esta novela, Modiano reconstruye la biografía de una adolescente judía en el París de la ocupación nazi. Y reaparece otra de sus invariables obsesiones, el encontrar las claves de la persecución judía en la Francia y más concretamente en un París que se nos vuelve inabarcable y casi incomprensible como los personajes que tuvieron que vivir esa época. Ya en 'Los bulevares periféricos' o en el guión junto a Louis Malle 'Lacombe Lucien' refleja esa honda preocupación por las actitudes que pueden llegar a tomarse y las consecuencias que pueden derivar tanto a la persona que inicia esa acción como a los supuestas víctimas de la misma.

El París vivido por Dora en ese mismo tiempo es el de Modiano. Su adolescencia coincide con la historia verídica de los Bruder y el genocidio nazi. Modiano vuelve a tirar de recuerdos para que la narración fluya a la vez que se difumina la figura del narrador con la suya de autor.

Otra de las editoriales que se apunta a este asalto librero de Modiano es Pre-Textos que recupera 'Remise de Peine', con el nombre de 'Reducción de condena'. Publicada por primera vez en español a finales de los 80 como 'Exculpación', nos devuelve parte de la biografía del niño Patrick previa a 'Un pedigrí'. Los hermanos Modiano quedan al cuidado de unas amigas de la familia, mientras sus padres se ocupan de sus respectivas ocupaciones profesionales. La infancia marcada por la ausencia paterna en un pequeño pueblo cerca de París se vuelve una evocación de la identidad infantil y de los recuerdos misteriosos que envolvían aquella época. Un libro que nos ayuda a comprender las complejas relaciones emocionales que establecemos en el pasado infantil y que acaban configurando nuestra personalidad.


En todas sus obras Modiano ha ido creando un tipo de literatura personal ajena a las modas o gustos pasajeros. Su estilo directo, breve y sobrio le sirve para implementar la carga emotiva sin necesidad de exageraciones sentimentaloides. Para algunos se trata de un escritor fundamental, juzgar vosotros y decidid si está a la altura de las críticas más favorables.

Publicado en soitu.es (10-3-09)


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Lo que estoy leyendo (1)

26 de diciembre de 2008


Sentencia tras sentencia (todas ellas billantes y divertidas), y perdiéndose constantemente en menandros y divagaciones, la novela se construye a través de la voz de Benito Torrentera, profesor de filosofía que a sus cincuenta años -un viejo sin concesiones ni eufemismos, según él- pierde el culo por una jovencita que trabaja en un Seven Eleven, y a la que ayuda a ocultarse y escapar, no por principios racionales sino más bien por motivaciones de viejo verde. Ya me entienden.


De entre los muchos subrayados entresaco este fragmento. Tras volverse a perder en digresiones y observaciones de todo tipo, vuelve en sí para resumir de esta forma su vida.


"[...] Me he desviado otra vez. Vuelvo: no hay nada entre mis veinte y
cincuenta años sino libros comprados con esfuerzo, innumerables tazas de café,
alcohol en las cantinas, prostitutas llamadas Susy, Conie, Melanie, películas en
cineclubes donde se miraba mal a quien comiera palomitas, alumnos desprovistos
de cerebro, mal comidos, dietas ingratas encaminadas al ahorro de unas cuantas
monedas para cubrir los abonos de mi departamento. Allí están todos mis
recuerdos y ahora que estoy más cerca de la tumba que de la matriz, me enfrento
de nuevo a la misma conclusión, el tiempo es una ilusión, no un problema
filosófico, sino un fraude."

En lo referente a lo peligroso y poco fiable que pueda ser alguien que crea en un sólo "libro", Benito Torrentera tiene también algo que decir:

"A pesar del descrédito actual de los libros, pueden ser muy peligrosos en
manos de un idiota."

(extraido de Guillermo Fadanelli, Lodo. Anagrama, 2008)


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